jueves, 5 de julio de 2012

Fraude Electoral 2012

Voy a rectificar. Asombro y perplejidad, aunque no sorpresa. Esto es muy cierto. Pero después de analizar la evidencia y de esperar a la integración de elementos (mucho más abundante de lo que en un principio parecía ser), la explicación de los resultados electorales según el infame IFE, es el fraude.
Mas sigo en asombro y perplejidad. El sistema, el establishment, la oligocracia, o como se le quiera llamar, sigue viendo al pueblo como un puñado de pendejos a quienes puede engañar descaradamente y éstos, en su superficial y conformista ignorancia, habrán de seguir por siempre aceptando atole con el dedo. Creo que cada vez hay menos de estos ciudadanos, y el no entender esto por parte del sistema (que ahora eligió a EPN como su lacayo), realmente causa asombro y perplejidad.

Pero no sorpresa. ¿Qué más se puede esperar de un grupo de sujetos que carecen de los más elementales indicios de eticidad? ¿Qué otra cosa pueden hacer aquellos dominados por la avaricia, el egoísmo y la estulticia?
En el fraude electoral del 2006, el IFE obró de una forma burda y evidentemente ilícita. Recordemos que conforme avanzaba el PREP en su conteo, la ventaja original de AMLO se iba reduciendo más y más ante FCH. Algo totalmente opuesto a las leyes estadísticas y de probabilística. Ya conocemos el resultado final de su conteo. Para este 2012 se tuvo más cuidado con las apariencias: las encuestadoras vertieron resultados manipulados (se eliminaba de los porcentajes el número de indecisos, el número que no contestaba la encuesta, o de plano se maquillaban las cifras). Los medios de comunicación hicieron una fuerte promoción desde años antes de la contienda a EPN (empezando con su telenovelesca vida “privada”) y redujeron lo más posible la cobertura a AMLO desde que terminó el proceso electoral del 2006 (a pesar de que hay quienes dicen que esos seis años fueron de “campaña pre-electoral”(?)). Una vez terminada la jornada electoral del 1º de julio (al igual que pasó en el 2006), los medios de comunicación oficiosos (Televisa, TvAzteca, Milenio…) se limitan a insistir en lo ejemplar del proceso, en el gran avance de la democracia, en que se debe respetar la voluntad del pueblo, en que solo expresan hechos y no supuestos (pero que no sea el candidato del Movimiento Ciudadano, porque entonces sí abundan los juicios de valor).

Con el camino ya preparado, el proceso electoral tuvo mucho más que algunas irregularidades:
1) El PREP captura mal la información de las casillas.











2) A través de Anonymous se pudo conocer el conteo real del IFE antes de la captura fraudulenta de votos.




3) En múltiples ocasiones, el PREP mantuvo una correlación perfecta entre los porcentajes de los candidatos JVM, EPN y AMLO. 41 datos que no variaban en su correlación a pesar del progreso en el PREP.

4) El 4.7% de votos invariablemente se distribuyen entre Quadri, votos nulos y votos a candidatos no registrados.

5) El PREP no se ajusta a la Ley de Benford o ley del primer dígito, por lo que carece de confiabilidad.

6) El resultado de las elecciones según el PREP (EPN 38.15%, AMLO 31.64%, JVM 25.40%) obedece a un algoritmo que no varió a lo largo del conteo rápido (imposible en términos estadísticos). 6.5% de diferencia entre EPN y AMLO, y 6.5% de diferencia entre AMLO y JVM.

7) Quema y destrucción de boletas, sábanas y urnas.




8) El pago de tarjetas de prepago para la compra de votos (a pesar de las declaraciones en contra de los involucrados).
Aquí, el pago que se hizo por las tarjetas de prepago.

9) El reconocimiento de la derrota electoral de JVM y Quadri se da antes incluso de que iniciara el PREP.

10) Múltiples estadistas de diversas naciones felicitan a EPN cuando todavía no se da por concluido el proceso electoral.

Los elementos para hablar de un fraude son claros y evidentes (a pesar del silencio de los medios de comunicación del establishment). La pregunta ahora es, ¿qué hacer? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar? ¿O nos resignamos al atole con el dedo?

martes, 3 de julio de 2012

Elecciones 2012


Asombro y perplejidad. Pero muy en el fondo, no hay sorpresa. De algún modo, el resultado de las elecciones 2012 se veía venir. Quizá solo era wishful thinking lo que alimentaba la esperanza de muchos.

Primero lo bueno: el PAN fracasó como cuando era un partidito insignificante en pleno priato. Su hipocresía y pseudo oposición, su continuidad al nefasto neoliberalismo, su indiferencia empresarial ante un pueblo miserable, su corrupción y fraudulento modus operandi. Por todo esto, su fracaso y enorme retroceso en las recientes elecciones. ¡Bien merecido!

Ahora lo malo: el Partido Revolucionario Institucional fue el ganador de las elecciones. Y solo concibo dos explicaciones ante semejante infortunio: o hubo un meticuloso y quirúrgico fraude o la mayoría de los votantes (casi 19 millones) son: o a) desmemoriados, o b) estúpidos, o c) valemadristas, o d) una lamentable combinación de todas las anteriores.

Aunque es cierto que hubo múltiples irregularidades (robo de urnas, balaceras, secuestro de representantes de casilla, relleno de urnas, compra de votos, rompimiento de la veda electoral, acarreados) el día de los comicios, ya desde las encuestas parciales, sin rigor y con información incompleta que creaba tendencias ficticias así como con los grandes gastos de campaña de Enrique Peña Nieto (EPN), podíamos pronosticar el nefasto resultado de las elecciones: la vuelta del PRI a Los Pinos. Más allá de esto, no hay elementos reales para hablar de un fraude como el del 2006 (al menos no todavía), por lo que debemos buscar explicaciones parciales a la tragedia nacional a partir de los votantes que sufragaron por “el niño telenovela”, que aun “sin tener ningún talento político significativo” y ser “intelectualmente débil” [http://www.spiegel.de/politik/ausland/enrique-pena-nieto-gewinnt-praesidentschaftswahl-in-mexiko-a-842004.html], es virtual presidente electo.

Opción A. Los casi 19 millones de votantes que sufragaron por EPN no recuerdan la masacre del 68 ordenada por un gobierno priísta; tampoco recuerdan la matanza del Jueves de Corpus en el 71. Han olvidado las recurrentes crisis económicas desde López Portillo hasta Zedillo que afectan al pueblo, mientras unos cuantos se benefician. Tampoco recuerdan los magnicidios de los 90’s, ni los innumerables casos de corrupción. Las instituciones que se vanaglorian de haber creado son auténticas cloacas de corrupción e ineficiencia. Se apropiaron de los sindicatos. Acteal, Aguas Blancas, Atenco. El FOBAPROA. Los fraudes electorales como en el 88. Sin embargo, no creo que estos votantes no sepan lo que ha hecho el PRI cuando ha sido gobierno. Por ello debemos considerar otra opción.

Opción B: estúpidos. Solo la estupidez (dificultad y gran lentitud para comprender las cosas – The Free Dictionary) puede explicar que la gente haya decidido votar por un partido corrupto y un candidato sin la estatura intelectual y la solvencia moral que la embestidura demanda. Solo la estupidez podría hacer que alguien decidiera ignorar los más de setenta años de historia a cambio de migajas: aquellos que vendieron su voto a cambio de despensa o tarjetas “prepago”; aquellos acarreados que carecen de criterio; aquellos “críticos” guiados por un “espíritu intelectual” que anularon su voto; aquellos peleles que esperan empleo a cambio del voto (y quién sabe qué más); aquellos (aquellas, realmente) que votaron por la “actriz” primera dama; y, desde luego, aquellos que realmente creen que EPN hará algo por la nación (supongo que los debe haber). Por toda esta gran masa de ignorantes, los restantes 90 millones de mexicanos nos habremos de chingar…


Opción C. Pero hay una tercera opción que, me parece, se mezcla y hasta confunde con la anterior. Aquellos que, dicho muy mexicanamente, les viene valiendo madre. Ya sea porque carecen de criterio y piensan que eso de la política les es ajeno, o ya sea porque para qué tomarse la molestia si el sistema es corrupto y un voto no va a cambiar nada (noticias para estos ingenuos: los casi 30 millones que piensan como tú pudieron haber cambiado el resultado), o incluso porque dentro de su infinita sabiduría saben que no importa quien gane las elecciones, el país seguirá igual (por alguna razón me recuerdan a los creacionistas, los evangelistas, y todos aquellos fundamentalistas que no entienden de libre albedrio y voluntad). Por todo esto, es difícil negar que el valemadrismo es una variación de la estupidez, pues a final de cuentas, el típico valemadrista (aquel que ante sí mismo se ve como alguien de amplio criterio y por encima de las masas) simplemente no comprende las cosas y se empecina en creer que sí lo hace.

Opción D. Después de los hechos del 1º de julio, habremos de concluir que fue la combinación de las dos últimas opciones lo que terminó por hacer naufragar la esperanza de que algo, por poco y pequeño que fuera, pudiera cambiar en relación a los doce años perdidos con los gobiernos panistas.

domingo, 29 de abril de 2012

Elecciones México 2012

Entrada breve. Aunque ya habrá tiempo de ahondar en el asunto, aquí sólo quiero hacer algunas observaciones más allá de la geometría política, de partidos y de candidatos.

1. El abstencionismo ha venido creciendo desde hace ya varias elecciones federales como muestra del hartazgo de la ciudadanía. Ya no creemos las mentiras descaradas que los politicastros dicen en sus campañas. La verdad es muy sencilla: quieren la presidencia para hacerse con el poder, incrementar sus riqurzas, fortalecer sus influencias. No les importa el pueblo, ni el bienestar de los demás.

2. Por si esto no fuera suficiente, sus campañas llenas de mentiras y frases huecas las pagamos nosotros. No sólo mantenemos a los oportunistas que ganan las elecciones (aunque sea mediante el fraude como un tal Calderón), sino que además pagamos las campañas de mentiras y falsedades que los llevan al poder.

3. Un muy amplio sector de la población no entiende esto. Es incapaz de comprender nociones tan elementales como "poder", "democracia", o "política". Pero son sus votos (en el supuesto de que no haya fraude) los que deciden. ¿Hasta cuando deberemos seguir esta farsa? Hasta que el pueblo despierte. Sólo el pueblo puede cambiar y enmendar la situación... Pero, ¿puede el pueblo despertar? Esa es la pregunta. ¿No será que tiene el gobierno que merece? La masa ignota e ignorante decide en esta terrible democracia, y es de esa masa de donde salen los politicastros.

viernes, 6 de enero de 2012

Sobre el Establishment: un Gobierno Mundial

El Hombre ha demostrado, a lo largo de la Historia, que exige el reconocimiento de los demás Hombres. Reconocimiento de su valía, de su dignidad como ser humano. El ser humano es el único que desea el deseo de sus congéneres. El Hombre busca la libertad como forma de expresar su propia dignidad. Esta dignidad será respetada a cada Hombre en tanto existan principios morales que guíen nuestras decisiones. La Humanidad abandona la animalidad en tanto que es capaz de obedecer reglas morales que se impone a sí misma. La evolución de la Humanidad se dará en la medida en que se desenvuelva de acuerdo a normas morales, normas que engloben a toda la humanidad. De esta forma los individuos y los pueblos, autodeterminando su curso en la Historia, encontrarán el respeto mutuo a sus derechos fundamentales. Derecho a la vida, a la libertad, a la dignidad.


Hoy, sin embargo, el curso de la Historia parece otro.

Actualmente, fuerzas no oficiales, difícilmente reconocibles, nunca responsables, son las que determinan los destinos de los pueblos. Y desde algún lugar extienden sus designios, siempre omnipresentes, siempre encima de nuestras cabezas. Son estas fuerzas las que nos proporcionan ideales y palabras de orden, razones de odio y de lucha, armas y, ante todo, dinero.

No es que los hombres, los pueblos, las razas, las iglesias, las clases, las facciones no se levanten espontáneamente en odio y en armas el uno contra el otro. Cierto que lo hacen. O que no tengan jefes y jerarquías, e ideales propios. Cierto que los tienen. Pero la diferencia respecto al pasado es que a los múltiples y eternos factores de historia: intereses constantes, civilizaciones antitéticas, orgullos nacionales, ambiciones de los jefes, agresividad de minorías, hambre, sobrepoblación, exigencia de independencia, instinto territorial, deseo de poder, se les ha añadido desde hace tiempo, un factor nuevo y más poderoso que todos, colocado fuera y por encima del conjunto de los otros: un poder que entre las fuerzas que se agitan, que emergen, que hierven sobre la corteza de la tierra, elige, como hace el titiritero, quién debe vencer y quién debe perder. Un verdadero Gobierno Mundial, tangible y no imaginario.

Un grupo de hombres que, imitando al titiritero, cataloga al resto de la Humanidad como títeres. Son los hombres de la gran finanza internacional. Lentamente, incesantemente, sapientemente han tejido los hilos de su impalpable red. Esta red, que aunque desigual, abarca todo el planeta. Red que obtiene su poder gracias a la gran influencia que produce el dinero.

En los países democráticos el hilo es breve y directo, y el títere está inmediatamente bajo la sombra de la mano: estos países y estos pueblos los manejan ellos desde adentro. En los países que no tienen democracia liberal se extienden en cambio hilos más largos, indirectos, hilos pacientes que envuelven pueblos y gobernantes desde el exterior, a la espera de poder apretar el primer nudo en el corazón del sistema político en cuanto apenas una oposición interna, una cualquiera de las componentes de la naturaleza dialéctica de toda sociedad, proporcione las premisas para el nacimiento de facciones, de “poderes separados”, de la pseudo democracia.

Viceversa, contra los países que ellos no logran ni siquiera enmarañar en los hilos de la dependencia económica y de la asimilación cultural, son movilizadas las demás naciones, a fin de que, si no con la persuasión con la fuerza, todos acaben envueltos, penetrados, maniatados por el nudo de la red.

Es el poder que otorga el dinero, entronado en la cima de la Historia, el dios de una nueva humanidad. Aquellos quienes disponen del poder económico escogen un país, o un grupo de países, para convertirlos en base de operaciones, dando a estos países la ilusión de ser ellos los dominadores. Al contrario, son los dominados totales. Son los sicarios, los hombres de confianza que el poder abandonará en su fría lógica cosmopolita, después de haberlos explotado y llevado al declive, para irse a países en ascenso, favorecidos por la riqueza de recursos, por espacios de inversión y de consumo, por su virginidad de experiencia histórica.

Lo ha hecho con Francia, con el Imperio Británico, con EEUU; finalmente, hoy, el mundo entero, de la mano de la globalización. Globalización como imposición imperialista y no como integración solidaria. Hoy América y la Doctrina Monroe ya no son suficiente como base de operaciones para el Gobierno Mundial, ni instrumento adecuado para sus designios y su potencia. Se procede pues a la Gran Alianza. Por lo demás, todo está listo, comenzando por la mesiánica expectativa del mundo.

Tras la Guerra Fría, tras las guerras “por poder” entre pueblos pobres como pretexto para aumentar las tensiones, tras la guerra para hacer subir los precios del petróleo, guerras que muestran al mundo atónito la potencia terrorífica de las armas de hoy. Tras todo esto se incrementa el ansia de paz a cualquier costo, aun a cambio de la libertad, entre los pueblos y los individuos.

Termina la incubación, estalla la paz. La felicidad para todos está a la vuelta de la esquina. Parece, de verdad, que la humana estupidez ha alcanzado su apogeo.

En los dos últimos siglos siempre ha estado presente el determinante poder de las cúpulas financieras. Los títeres quizá no lo hubiesen querido, tal vez no lo entendían, casi ciertamente creían ser libres y combatir por sus propios sueños e intereses. Pero no lo eran, y combatían por los designios, por los sueños, por los intereses del Gobierno Mundial.

Hay hombres que deciden por nosotros y que deciden sobre nosotros. De nosotros como individuos, de nosotros como pueblos. Actualmente nos queda claro que estos hombres no son los Obama, ni mucho menos los Calderón, sino los jefes conciliares de las grandes familias financieras: Fundaciones que disfrazan los monopolios, el Consejo de Relaciones Exteriores que se impone a la política mundial, la Reserva Federal con total independencia del gobierno estadounidense, el FMI, el BM, la Comisión Trilateral, las conferencias Pugwash, el grupo Bilderberg...

Hileras de colaboradores estipendiados, de políticos dirigidos por ellos, de economistas premiados por ellos, de académicos consagrados por ellos, de científicos expertos subvencionados por ellos; todos estos constituyen los cuadros de élite de su armada de ocupación.

Al viejo colonialismo manu militari lo han reemplazado con el imperialismo económico, bien camuflado bajo ropajes humanitarios y democráticos y, naturalmente, mucho más redituable que el primero.

Estos ropajes humanitarios han provocado que la máquina del convencimiento esté hoy tan bien aceitada que toda la cultura contemporánea –de la filosofía a la literatura, de la historiografía a la prensa cotidiana, de los programas televisivos al cine y a la escuela- en sus líneas fundamentales o tendenciales, obedezca a las leyes del conformismo más supino. Todo gira en torno a una plataforma ideal con democracia partitocrática y economía de mercado como pilastras necesarias. Las opiniones que realmente difieren son condenadas al ostracismo o tachadas de anacrónicas. Y como punto culminante, esta plataforma ideal lleva un estandarte con la moral de los derechos humanos como insignia superior.

Pero ¿cuáles derechos humanos? ¿Hasta qué punto son respetados? ¿Abarcan los derechos humanos a toda la humanidad? En 1776 estalló la revolución estadounidense enarbolando los derechos del hombre. Se independiza EEUU de Europa arguyendo la igualdad del ser humano. Años atrás Descartes había dicho que todo hombre, sin excepción, era igual, debido a su razón, esa capacidad que distinguía a la humanidad de la animalidad. Todos los hombres son racionales, y, por serlo, iguales entre sí. “Sostenemos como verdades evidentes –dice la Declaración de independencia de EEUU- que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su creador ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Sin embargo, se hizo evidente que esta Declaración fue válida sólo para los colonizadores blancos de EEUU.

Todos los hombres son igualmente racionales, sin embargo, por la educación, por el ambiente en que se ha crecido, el hombre, como individuo, es distinto de otros individuos. Todos estos accidentes que rodean y recrean la vida del hombre diversificándolo del resto, se convertirán en un nuevo argumento para fomentar la opresión y con ello, la manipulación de los débiles. Pues estos accidentes, se dirá, afectan la capacidad de razonar. Los hombres son iguales por tener razón, pero son distintos por su capacidad en el uso de la misma.

Bajo este pretexto se crea, en 1823, la Doctrina Monroe, principio de la política exterior de EEUU de no permitir la intervención de las potencias europeas en los asuntos internos de las Naciones de la América Latina. América para los americanos, decían en EEUU; América para EEUU, decían los creadores de la Doctrina Monroe. América se convertía así en el pozo que saciaría la sed imperialista de la nueva sede del Gobierno Mundial. La Doctrina Monroe evidenció la parcialidad de los derechos humanos defendidos por los revolucionarios estadounidenses. Sobre dicha Doctrina dijo Lázaro Cárdenas:
La Doctrina Monroe nunca fue reconocida ni pudo serlo por México ni por las demás naciones de la América Hispana; mientras fue sólo la expresión de una política unilateral que los Estados Unidos impusieron, con el doble propósito de excluir de este continente a los países de Europa y de defender sus propios intereses en América. Tal doctrina llegó a convertirse algunas veces en pretexto de intervención.
En 1904, el presidente de EEUU, Theodore Roosevelt, sin ningún escrúpulo proclamó el derecho estadounidense a ejercer en América Latina funciones de policía internacional y a interferir en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Era evidente que en América no se veía por los derechos de la Humanidad. Tras las guerras mundiales se hizo patente la necesidad de defender los derechos humanos, aunque solo fuese en tanto que no afectaran los ya nacientes planes de mundialización.

En 1948 se proclamó entonces la Declaración Universal de los Derechos Humanos por medio de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ahora, con la estricta supervisión de la ONU, estos derechos propiciarían el fin de la marginación, la miseria, la tiranía, la opresión...

En el preámbulo de esta Declaración, se considera como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias. Asimismo se considera esencial promover las relaciones amistosas entre las Naciones. Se habrá de respetar la dignidad y el valor de la persona humana, la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se fomentará el progreso social y el crecimiento del nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad.

A pesar de todos estos compromisos asumidos en pro de la humanidad, la verdad es que se cumplen en la medida en que benefician los intereses del Gobierno Mundial. Se defenderán los derechos del hombre, siempre y cuando no obstaculicen los intereses económicos de las cúpulas financieras. Esta Declaración es la más evidente muestra de la doble moral del Gobierno Mundial, el cuál, comandado por los jerarcas de las altas finanzas no tiene la más mínima intención de reconocer la igualdad de derechos para la Humanidad.

Es la doble moral del Gobierno Mundial la que permitió la intervención en el Golfo Pérsico por el interés en el petróleo, e impuso un bloqueo que impidió la entrada de medicinas a la zona castigada. Esta falta de medicamentos produjo la muerte de niños y ancianos. Muertes que se justifican por la amenaza que significó el gobierno de Hussein. Es la misma doble moral la que promete ayuda a las naciones subdesarrolladas, pero a cambio de hipotecar su soberanía. Reciben préstamos para atenuar sus crisis, pero no están en condiciones de pagar siquiera los intereses, lo que crea nuevas crisis y deja a estas Naciones a la total disposición de sus prestamistas. Prestamistas que saben el redondo negocio que resulta de tratar con Naciones pobres. Prestamistas que siempre son los mismos: el FMI, el BM, o la Federal Reserve. El mismo FMI que determinó qué políticas económicas puede aplicar el gobierno mexicano y cuáles no al iniciar cada sexenio. El mismo BM que, a través de préstamos controla los servicios sociales de diversas naciones, limitando y vigilando la función social del Estado. La misma Federal Reserve, de la que Wright Patman, miembro del Congreso de EU, dijo: “En los EU tenemos hoy en realidad dos gobiernos[...]tenemos el gobierno legalmente constituido[...]y también tenemos, en el Federal Reserve System, un gobierno independiente, incontrolado, no coordinado, que ejerce aquellos poderes monetarios que la constitución reservaría al congreso”.

Así los derechos humanos son relegados por el interés del Gobierno Mundial. Interés que apunta a la globalización, cúspide del colonialismo. Para que los Derechos Humanos sean respetados, es necesario pasar de la relación de dependencia y sometimiento entre naciones e individuos a una de solidaridad. Defender los derechos humanos no por intereses económicos como pasó en Libia, o intereses político estratégicos como pasó en Panamá o Guatemal, sino por el interés mismo de la humanidad, en tanto que por ser diversa posee los mismos derechos. Humanidad que ya no puede seguir sufriendo más marginación. Lo que nos lleva a pensar que nosotros mismos, los títeres, hombres del llamado tercer mundo pecamos de indiferencia ante los Derechos del Hombre. Para que éstos sean respetados ¿es necesaria la imposición de un modelo económico político a escala mundial? No lo creo. Tanto entre individuos como entre Naciones debe existir el respeto a la diferencia. Diferencia que fortalece la igualdad. Igualdad sin importar sexo, clase social, religión. Una igualdad basada en diferencias que, a fin de cuentas, crean el rico entramado cultural que conforma a la humanidad. Autodeterminación de los pueblos para elegir libremente su política, su economía y para apegarse a su identidad. Es inaceptable el neocolonialismo que ejerce el Gobierno Mundial despojando al hombre de eso que lo hace hombre, su humanidad, convirtiéndolo en instrumento de sus decretos e imposiciones. Imposiciones expresadas en la globalización.

La globalización plantea como modelo a seguir la democracia liberal, y la economía de libre mercado. Se nos dice a las naciones llamadas subdesarrolladas que para alcanzar, no sólo el desarrollo económico, sino también el respeto a los derechos humanos, es necesario copiar el modelo estadounidense. La democracia liberal como panacea mundial. Y para acceder a esta democracia es preciso imitar también el culto al individualismo, que se deriva de la corrupción del principio de la libre competencia darwiniana.

Los países del llamado tercer mundo no deben imitar el sistema que EEUU nos ofrece como solución a nuestros problemas. México no puede volver a cometer el mismo error del siglo XIX en que el grupo de los científicos copió el positivismo con la idea de ser los yanquis del sur. Es posible el crecimiento y el desarrollo sin negar nuestra identidad, podemos entrar en el desarrollo pero no a costa de los millones de pobres que conforman el estrato marginado de nuestra Nación.

El progreso, el bienestar debe ser para todo mexicano, para todo latinoamericano, para toda la humanidad. ¿Es la democracia liberal el único modo de aspirar a ello? No necesariamente, como nos lo han demostrado los países del sudeste asiático. El gobierno debe ser acorde con la identidad de la Nación. No porque en EEUU se haya impuesto la Democracia liberal, significa que el sistema es la panacea mundial que pone fin a la Historia, como lo afirmó Fukuyama. Ya nos decía Simón Bolívar: “¿Acaso Montesquieu no nos dice en el Espíritu de las Leyes que estas deben ser propias para el pueblo que las hace? Que sería una gran casualidad que las leyes de una Nación puedan convenir a otras; que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, extensión, al género de vida de los pueblos, referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, la religión de sus habitantes, a sus habitantes, a sus riquezas, a su comercio, a sus costumbres y modales. ¡He aquí el código que deberíamos consultar y no el de Washington! El pueblo de los EEUU es un pueblo único como son todos los pueblos y por ello imposible de imitar, lejos de sernos favorable pienso que sería nuestra ruina”.

Para que se acabe la marginación en que se tiene a gran parte de la humanidad es preciso plantear nuevas categorías. Categorías que abarquen a todos y a cada uno de los hombres, sin importar sus diferencias, pues son estas las que conforman el conjunto que denominamos humanidad. Conjunto mucho más fácil de observar en una vista panorámica que hace milenios y sin embargo mucho más fácil de oprimir y sojuzgar. El hombre ya no puede seguir viendo por sus propios intereses a costa de los diferentes, de los prescindibles, de los marginables. Y sin embargo, por irónico que parezca, dentro de los marginados, entre nosotros, se impone el mismo principio egoísta, se impone la lucha y la consecuente supervivencia del más apto. Nos estamos automarginando al copiar modelos que no nos pertenecen. Mientras individuos marginados luchan entre sí para que el vencedor descubra que seguirá siendo un marginado; mientras pueblos pobres se aniquilan mutuamente para descubrir que la pobreza y marginación es a lo más que aspiran; mientras todo esto pasa, el Gobierno Mundial goza viendo como sus títeres siguen creyendo en los principios que les ha proporcionado.

Basándonos en la lucha por descubrir quién es el más apto jamás existirá equilibrio entre individuos ni entre Naciones. Jamás habrá respeto al prójimo, ni se le respetarán sus derechos como Humano. Derecho a la vida, a la libertad, a la dignidad. Dignidad que han convertido en mito.

La tendencia general de la ciencia natural moderna y de la filosofía ha consistido en negar la posibilidad de decisiones morales autónomas y en comprender la conducta humana en términos de impulsos subhumanos y subracionales. El hombre, como producto del azar, es diferente cuantitativamente, pero no cualitativamente, de la vida animal de la que procede. Se nos asegura que el hombre es un producto de condicionamiento social y ambiental, y que la conducta humana, como la animal, funciona de acuerdo con leyes deterministas.

El hombre autónomo, digno, capaz racionalmente de seguir las leyes que ha creado para sí mismo, ha sido reducido a un mito. El hombre es arrastrado hacia la animalidad, y con esto, se convierte en presa fácil de dominar. Unos cuantos se benefician de nuestra renuncia a la dignidad. El hombre es llevado a la involución, homogeneizado entre sí, convertido en estadística y no en un ser de carne y hueso. Toda la humanidad convertida en un solo rebaño. Todos desean lo mismo, ganancia material y la satisfacción de una miríada de pequeñas necesidades del cuerpo. Todos son lo mismo.

El títere se preocupa por la salud y el bienestar de su cuerpo, dejando las cuestiones morales como una curiosidad del pasado.

Los individuos y las naciones deben buscar el desarrollo, la superación, pero no a costa de los demás, sino a partir de sí mismos, a partir de la propia experiencia; es indudable que existe una responsabilidad ética de la filosofía frente a los problemas mundiales; debemos superar las actitudes academicistas y tomar una actitud crítica frente a los nefastos efectos del sistema mundial vigente. Aunque todavía no tengamos categorías adecuadas para sobrellevar la mundialización, es preciso insistir sobre los valores éticos, defender los principios de solidaridad y defender los valores espirituales.

Sin embargo mientras aquellos hombres que juegan a ser titiriteros mantengan su posición imperialista; mientras nieguen la igualdad de derechos de toda la humanidad y utilicen a ésta para sus fines; mientras nosotros, los títeres, no nos percatemos de la existencia de las cuerdas que guían nuestros movimientos; mientras no nos cansemos de ser la atracción principal de una grotesca feria en la que el titiritero se lleva toda la ganancia; mientras todo esto siga igual, tendremos que seguir siendo comparsas de una Historia que unos cuantos escriben con la sangre de millones de marginados, que, con ojos ciegos y oídos sordos, aguardan por un nuevo titiritero, sin darse cuenta que pueden dejar de ser títeres y convertirse en lo que una vez fueron y olvidaron cómo ser, Hombres.

martes, 27 de diciembre de 2011

Sobre la Eutanasia

Siguiendo en una tesitura de reflexión ética, me enfrento ahora a otro de sus típicos temas de debate: la eutanasia, término que viene del griego y significa buena muerte. Hoy en día es difícil definir el término pues presenta varias ambigüedades debido a que se ha dividido en, al menos, tres diferentes vertientes.
 
Por una parte, tenemos la noción de permitir la muerte de alguien, que hace referencia a cuando se rehúsa el inicio de un tratamiento médico cuando no hay una cura posible. Naturalmente, estamos partiendo de la idea de que es el paciente, en pleno uso de sus facultades quien decide y autoriza el rechazo de cualquier tratamiento (que por lo regular es invasivo y socaba la posibilidad de gozar de una vida plena). Ante esta primera forma de eutanasia, se suelen oponer dos grandes argumentos de cierto peso: que la medicina podría dar con una cura en el tiempo en que el paciente es tratado y su vida alargada; el otro es que un médico no puede rehusarse a tratar a un paciente. En el caso del primer argumento, se dice que un enfermo debe decidir sobre alargar una vida que considera penosa y/o dolorosa porque esas maravillosas instituciones, verdaderas almas de la caridad, que son las farmacéuticas, están en la afanosa labor de erradicar las más terribles enfermedades (no de lucrar con el sufrimiento ajeno) y, quizá, en algún momento, den con la cura que el paciente debería esperar postrado en una existencia carente de plenitud. El segundo argumento es como una versión kantiana de la labor médica. Aunque el paciente esté en contra, el médico debe buscar la manera de ayudarlo, porque es precisamente el médico el que decide el significado de “ayuda”. Sus vastos conocimientos en anatomía, farmacología, pediatría, patología, y un largo etcétera, los califica para definir el concepto que los demás deban tener de “ayuda”…
 
Una segunda vertiente es la muerte asistida, que consiste en tomar acciones directas para terminar con la vida de un enfermo que así lo ha solicitado. Es, en otras palabras, ayudar a que un enfermo se suicide. Partiendo de que el enfermo que lo solicita lo hace en pleno uso de sus facultades mentales y no como mero efecto de depresión, podemos visualizar cuatro argumentos en contra de este tipo de eutanasia: que solicitar una muerte asistida es irracional por definición; la muerte asistida es asesinato y matar va en contra de las leyes de Dios; la gran carga de quien asiste al enfermo en su suicidio; el mismo argumento ya revisado de que podrían encontrarse curas para los males que provocan tomar estas decisiones. El primer argumento es un ejemplo clásico de la polarización fanática que suele acompañar estos temas: “si yo elijo vivir porque es una gran bendición y algo maravilloso, todo aquel que elija lo contrario carece del uso de sus facultades racionales”; el deplorable subjetivismo que se universaliza por ignorancia pura. El segundo argumento, que podemos llamar religioso, da para muchas líneas, pero simplifiquemos: si hay una religión que verdaderamente se oponga al asesinato, no por meros decretos, sino a partir de actos, de historia, entonces no veo como contra argumentar. Pero curiosamente, este argumento suele ser usado por las feligresías de las más monstruosas religiones, aquellas que supuran fanatismo e ignorancia, aquellas que tienen siglos de rezago. Las teocracias musulmanas regidas por la Sharia condenan a muerte a mujeres adulteras o a homosexuales; el dios del Antiguo Testamento mandó matar a hombres, mujeres, ancianos y niños que estuvieran “ocupando” la tierra prometida… Y los judíos cumplieron servilmente. Y un tercer argumento es la carga de quien asiste al enfermo. Que no cualquiera podría hacer esta labor, es evidente, pero si quien la hace está convencido de que está respetando la libre decisión de un enfermo y actúa por piedad, no veo qué carga sea aquella que habrá de soportar. ¿Cuántas veces no sucede esto en la guerra? El soldado que mata a su camarada herido de muerte para evitarle sufrimiento. Además, la muerte asistida podría despersonalizarse, de forma que el enfermo tome la decisión y termine con su vida mediante dispositivos mecánicos ya instalados; la siniestra figura del verdugo no es un requerimiento sine qua non.
 
La tercera vertiente es el asesinato asistido que podemos definir como terminar la vida de un enfermo sin su consentimiento. Aquí hay dos argumentos que se le oponen: la violación directa al principio de vida y el precedente de alguien decidiendo por la vida de otra persona. En el caso del asesinato asistido, y dada la falta del consentimiento del enfermo (incluso si es un enfermo en fase terminal o un coma profundo sin posibilidades de salir de ella), no veo como se pueda argumentar a favor. Ni la misericordia por los “muertos en vida”, ni las cargas financieras o emocionales parecen argumentos sólidos. Únicamente representan el bienestar del egoista: aquellos que quieren percibirse como misericordiosos ante los ojos de no sé quién o aquellos que quieren paz emocional o financiera. Salvo que haya una indicación explícita y legal que permita el asesinato asistido en caso de algún desafortunado siniestro en que la víctima se vea incapaz de tomar esta decisión libremente (y en tal caso el asesinato asistido sería técnicamente muerte asistida), esta tercer vertiente no parece éticamente correcta.
 
Tomando todo esto en cuenta, creo que la eutanasia, en base al respeto a la libertad de la persona, debe ser legalmente aceptada en sus dos primeras vertientes y, observando lo ya referido sobre el asesinato asistido, este también debería ser legalizado. Una sociedad que rinde culto a la muerte, pero que su moralina rechaza la eutanasia… Vaya ironía.

martes, 20 de diciembre de 2011

Sobre la Pena de Muerte (rectificando)

La pena capital o pena de muerte aún existe en muchos lugares del mundo. Desde el decadente Estados Unidos hasta las teocracias del Islam, hay leyes que permiten castigar con la muerte ciertos crímenes. Esto hace que el tema no deje de tener importancia desde diferentes ámbitos: legal, ético, social, político, etc.

No veo ninguna utilidad en demandar, pensando concretamente en México, la legalización de la pena de muerte, pues creo que es un acto de irreflexión, ingenuidad y simpleza mental. He escuchado sus argumentos: “cuando una parte del cuerpo ha muerto, debe eliminarse para que no muera el cuerpo entero”. Y aunque la analogía entre le cuerpo y la sociedad no deja de ser sugerente, ignora completamente la circunstancia en que tal necrosis se ha dado. También apelan al sentimentalismo, excelente recurso cuando ya no hay argumentos: “cuando algún ser querido sea víctima de un secuestro o asesinato, entonces lo comprenderás”. La pena de muerte debería ser justicia, no vendetta.

Quitando del camino a los defensores carentes de agudeza mental, debemos pensar qué pasaría si en México hubiera pena de muerte. El sistema legal, como ya todos lo sabemos, es corrupto desde su mismo centro hasta la más externa de sus capas, por lo que se convertiría en una herramienta más para el uso de impartición de injusticia. Inocentes sentenciados a la inyección letal por la prevaricación del sistema sería el pan de cada día.

Pero hay otro motivo por el cual debemos rechazar la pena de muerte en nuestro país, bajo las condiciones en que se encuentra: el sistema es incapaz de proporcionar educación de calidad a su población (vaya, la educación pública se encuentra secuestrada por una cacique neofeudal); es incapaz de crear empleos de calidad y que no sean eventuales (y eso que estamos cerrando el sexenio del candidato del trabajo); es incapaz de independizar sus políticas financieras y económicas para invertir en los rubros que el pueblo realmente necesita; es incapaz de dar seguridad a una población en creciente inconformidad; es incapaz de gobernar para nadie más que las élites, los influyentes. Por todas estas carencias del sistema, del establishment mexicano, la pena de muerte se convertiría en un flagelo más, en otra fuente de injusticias como tantas ya hay hoy en día. A fin de cuentas, sería como crear delincuentes para después matarlos. Pero si el sistema no estuviera hecho para fabricar delincuentes y viviéramos en una sociedad en que existe un verdadero compromiso por la prevención del delito (desde sus cimientos mismos como sociedad y no desde los medios de comunicación, como hoy en día), entonces sí debería legalizarse la pena de muerte ante determinados crímenes.

¿Y la ética? El comportamiento ético requiere de la sociedad, del comportamiento social; y si un elemento de la sociedad ha incurrido en crímenes tan deleznables, tan grotescos e inhumanos, no veo por qué: a) el individuo deba ser juzgado como un igual (y por ende éticamente), y b) al segregar a un elemento no ético, la eticidad del grupo se vea menoscabada o afectada en forma alguna. Creo que si se ha eliminado el peligro de reducir la justicia en venganza, el ojo por ojo seguirá teniendo vigencia.

Y con todo esto dicho, no deja de ser tentadora la idea de juicios sumarios y pena de muerte para los criminales que hoy en día azotan a la nación… a fin de cuentas, si no hay poder humano que los rehabilite para vivir en sociedad, entonces regresémoselos a Dios con un sonoro: “¡No, gracias!”.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Sobre la Navidad

Se acerca la época más bella del año. Momento de celebraciones y buenos deseos. Familia y buenos amigos. Reflexiones sobre el año que se ve y el que viene. Reflexiones sobre Jesús y el profundo significado de su nacimiento. Porque de ahí justamente viene el nombre de navidad – natividad: el nacimiento de Jesús. Que por cierto, fue milagroso. No todos los días una virgen da a luz, aunque tampoco crean que nunca ha pasado esto.
Mutemuia, que dio a luz al faraón Amenofis III alrededor de 1400 años antes de Cristo, la madre – virgen de Gilgamesh (2650 años a.C.). Dafné, madre de Perseo. Rómulo y Remo, también paridos por un virgen. Ixquic, madre virgen de Hunahpu e Ixbalanqué, los gemelos del Popol Vuh. Maia, que engendró a Buda. Hermes, Dionisos, Adonis, Agni, Mitra, Krishna… Todos hijos de madres vírgenes.

Bueno, quizá no importe si su madre era o no virgen; lo que importa es el gran mensaje que nos vino a dar y, por ello, hemos de celebrar su nacimiento que acaeció entre el 24 y el 25 de diciembre hace poco más de dos mil años. ¿O no fue así? Porque antes de la venida de Jesús al mundo, los latinos ya celebraban la Saturnalia, una festividad en honor al “regreso del Sol invictus” o, como diríamos hoy día, el solsticio de invierno que es, precisamente, el 25 de Diciembre: las noches se van haciendo más cortas y los días más largos. ¡Vaya coincidencia entre las fiestas de los romanos y los designios de Dios! Curiosamente, una vez que el cristianismo se impone como institución de poder y control, obtuvo un gran beneficio al mantener las mismas fechas para celebrar, sólo que cambiando algunos nombres (en lugar de Sol invictus, Jesús de Nazaret, por ejemplo).

Tampoco deja de ser curioso que en una gran cantidad de mitos anteriores al cristianismo se hable de señales celestes, magos y reyes visitantes, pastores, ángeles cantores, animales benefactores, un rey persiguiendo al niño divino… Buda, Krishna, Mitríades, Julio César, Enéas, Confucio, Moisés. Bueno, no importa si la natividad es sólo un mito del cristianismo, no deja de ser un bello mito por todo lo que hoy significa.

Que el índice de suicidios se dispara en estas épocas navideñas; que es una época de consumismo, dónde se le rinde culto al dios dinero; que más que dar amor, se espera recibir presentes materiales; que lo poco que queda de aquel mito de la natividad se va diluyendo en la grotesca mercadotecnia del regordete Santa Claus; que las reflexiones se limitan al “cómo saldré adelante el próximo año” o “bebamos y comamos que el Guadalupe-Reyes se nos va”…

La navidad no es más que otro momento para evadir nuestra realidad y celebrar nuestra miseria en el consumismo, el hedonismo, la superficialidad… Máscaras de alegría para una sociedad que necesita nuevos mitos.