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jueves, 23 de abril de 2015

Después de Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán



El grado de deterioro de las condiciones de vida en México, y todo lo que esto implica, evidencia la insuficiencia de cualquier vía que no sea la armada como respuesta a dichas condiciones.

¿En qué consiste el deterioro de las condiciones del país?
Recientemente (en menos de un año), México se ha visto sacudido por eventos violentos ocasionados por diversas autoridades. Ejemplos paradigmáticos de esto han sido lo sucedido en Tlatlaya el 30 de junio de 2014, en Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014, y Apatzingán el 6 de enero de 2015. En el primer caso, un grupo de militares del 102º batallón de infantería ejecutó a varias personas que ya habían sido sometidas. En Ayotzinapa, elementos de la policía municipal de Iguala junto con miembros de una organización criminal vinculada al ex alcalde de dicho municipio y a su esposa, atacaron a estudiantes normalistas; el saldo: 6 muertos, 5 heridos y 43 desaparecidos. En Apatzingán, elementos de la policía federal dispararon contra miembros desarmados de la fuerza rural G-250 y contra civiles; el saldo (oficial), 16 muertos.

A la par de estos tres casos paradigmáticos, existen condiciones sociales, económicas y políticas de franco deterioro. En el ámbito político, aunque se celebra con bombo y platillo la democracia como modelo que en sí mismo garantiza bienestar, nos es evidente a los ciudadanos medianamente conscientes, que se trata de un negocio de la clase política en donde se busca repartir los ingresos que se obtienen como funcionarios y los jugosos contratos que de dichos puestos devienen. No hay diferencia significativa entre los partidos políticos, no hay un organismo imparcial que regule la actividad “democrática” (nos es ya evidente que después de las elecciones del 2006 y del 2012, el INE, antes IFE, está al servicio de la misma clase política), no hay cuadros políticos con autoridad moral, no hay transparencia de ningún tipo en el quehacer político, no hay representación del pueblo ni en los poderes legislativos de los diferentes niveles ni en los ejecutivos, y mucho menos en el judicial, ajeno en todo sentido a la voz del ciudadano (a menos que tenga categoría privilegiada, entiéndase, poder económico). El voto, punto de partida de toda democracia si damos por hecho el contrato social, es decir el acuerdo común de ser gobernados representativamente, es una figura inerte: el voto carece de referente semántico. No sólo porque las promesas de campaña nunca pasan de ese nivel, es decir, nunca se convierten en hechos de gobierno, sino porque al carecer de un instituto electoral auténtico, imparcial y que ofrezca garantías, los votos ya no son los que eligen a los “representantes” que formarán gobierno. El voto y las elecciones son una simulación, un trámite necesario para mantener la ilusión de la democracia.

En el ámbito económico también se celebra a una panacea; en este caso es el neoliberalismo. Se nos dice que el camino a la modernidad, al desarrollo, tiene una conexión necesaria con este modelo económico. Desde que el neoliberalismo nos fue impuesto en la década de los 80, hemos vivido severas crisis económicas, significativa reducción en el poder adquisitivo de la inmensa mayoría de los mexicanos, crecimiento económico nulo en términos macroeconómicos, devaluación en porcentajes estratosféricos, pérdida de patrimonio nacional sin que esto haya redituado en beneficios para el pueblo, y la polarización de la distribución de la riqueza en el país. Mientras que algunos cuantos empresarios han logrado acaparar mercados a través de favores del gobierno, millones malviven en pobreza extrema; mientras que algunas ciudades ofrecen niveles de vida elevados o, al menos, promedio, y aseguran acceso cuasi universal a servicios básicos, gran parte del territorio nacional vive en retroceso, sin acceso a servicios básicos, sin educación, sin infraestructura que permita un crecimiento sustentable. La supuesta eficiencia de una economía descentralizada no ha llegado porque la lógica capitalista, sin importar si es el sector privado o el público el que lleve la batuta, no tiene como meta el bienestar ni el desarrollo en sí mismos, sino la ganancia pura, pragmática, amoral, avasalladora.

Si en este contexto económico – político quisiéramos plantear formas de regeneración de cada uno de estos dos ámbitos, es evidente que la labor sería enorme; no porque haya necesidad de descubrir fórmulas mágicas para revertir los actuales retrocesos, sino porque su aplicación en la realidad no parece algo viable. Aquellos que detentan el poder económico y aquellos que detentan el poder político ni tienen necesidad, ni mucho menos deseo, de renunciar a dicho poder. Así, como dos ámbitos aislados, se nos ofrece un panorama oscuro y difícil de enmendar. Lo alarmante es que existe un contubernio entre la clase política y la elite económica, de modo que se protegen entre sí, ofrecen discursos compartidos que ocultan y deforman la realidad, defienden una misma ideología en beneficio de la minoría que representan.

Ante todo esto, la realidad social también se viene deteriorando. Problemas como el desempleo, la pobreza, la falta de acceso a educación, la falta de acceso a servicios de salud, o la inmigración, afectan a ciertos sectores. El materialismo, el hedonismo, el consumismo, la superficialidad, o la apatía, van moldeando una sociedad con cada vez menos posibilidades de modificar su propio destino. De oponerse a los poderes fácticos y generar un nuevo proyecto con bienestar y equidad como objetivos. De transformar su realidad, en lugar de sólo estarla reproduciendo indefinidamente.

¿Qué implica dicho deterioro?
Los elementos básicos del deterioro en México son, a modo de recapitulación, una democracia ficticia con una clase política parásita y ajena al pueblo; un sistema económico generador de pobreza y desigualdad, con una elite económica que vive el más crudo capitalismo darwinista. Un amasiato entre la clase política y la elite económica que busca mantener el sistema actual a toda costa. Todos estos elementos en su conjunto tienen implicaciones que van más allá del deterioro mismo. 

1. Primeramente, el discurso ideológico que defiende y promueve la clase política y la elite económica, está diseñado para que nada cambie, al menos nada que afecte sus intereses. “Vayan y voten, no importa por quién, pero ejerzan su derecho”: palabras para sostener la ilusión de una democracia, a pesar de que el voto, al no ser respetado, no mantiene ninguna relación con la “representatividad” en que vivimos. “Las reformas estructurales generarán crecimiento y robustecerán la institucionalidad del país”: palabras para mantener al pueblo a la expectativa, esperando que su realidad cambie en lugar de que ellos mismos sean generadores de su cambio. “Los casos aislados de abuso de autoridad serán investigados” o “la delincuencia organizada será combatida con todo el peso de la ley”: palabras que invitan a creer (y esperar mientras que las autoridades cumplen con sus funciones) en la honestidad de las instituciones gubernamentales, extendiendo el paternalismo dependiente que se generó tras la llamada revolución de 1910. Todos estos discursos huecos invitan a la inacción, a contemplar cómo los actores reales moldean la realidad, ocultan el hecho radicalmente simple de que uno mismo es un actor que debería llevar a cabo en la praxis la transformación de la realidad. Esto significa que el discurso ideológico: a) nos reduce a espectadores de la realidad, b) nos despoja de una ciudadanía realmente activa, y c) nos ofrece espacios de acción ficticios como si fueran reales y desde los cuales se puede generar cambios en la praxis.

2. Los elementos mencionados muestran la renuencia a ceder el poder. Este sistema someramente descrito también implica que aquellos que se benefician del mismo no tienen intención de cambiarlo. El conjunto de características que hemos señalado está diseñado para que el proceso de explotación, de polarización creciente y continua, siga el mismo rumbo. Se ha generado una superestructura que asegura la continuidad del deterioro porque, precisamente, hay un sector pequeño que se beneficia del mismo y, por ende, hay un empecinamiento por no renunciar a dichos beneficios. El crear  y optimizar esa superestructura sólo se explica a través de la voluntad de mantener el actual orden de cosas. Esto nos lleva a pensar que el esperar un cambio de conciencia de parte de las elites económicas y de la clase política, de modo que ellos mismos se den cuenta que un sistema tal tiene sus límites, que habrá un punto en que ya no haya nadie a quién explotar, ningún recurso qué drenar; un cambio de conciencia tal, es una imposibilidad. Tanto el discurso ideológico como la esencia de la superestructura que han creado, contienen en sí mismos una lógica de perpetuación de lo existente. Un discurso que busca convencer de que la inacción, el esperar a que “las cosas sucedan” generará soluciones, lleva en sí mismo el objetivo de evitar todo cambio, al menos en el sentido de transformación. La superestructura genera cambio, pero sólo en el sentido de reproducción… De ahí la insistencia en que el ciudadano responsable es aquel que ejerce su derecho a votar. Podemos generar cambio de gobierno, cambio de partido político en el poder, pero si consideramos a la clase política como un todo en términos ideológicos, sólo estamos reproduciendo el mismo sistema una y otra vez, elección tras elección, sexenio tras sexenio.

3. Los elementos mencionados muestran a qué grado pueden llegar la clase política y la élite económica para asegurar el mantenimiento del sistema actual, la perpetuación de lo existente. Hay una irracionalidad evidente en el sistema de explotación en que vivimos: el sistema mismo, al existir en un espacio concreto y de recursos limitados, es finito y, por ende, no puede extenderse ad infinitum, es decir, perpetuarse. Es irracional también en el sentido de que violenta cualquier principio ético que se quiera emplear; tanto la clase política como las élites económicas recurren a un discurso moral exclusivamente cuando son ellos los que ven peligrar alguno de sus beneficios y, en cambio, apelan a la amoralidad “propia” de la política y de la economía (lo que sea que ellos creen que esto signifique) cuando son ellos los que atentan contra los oprimidos. Son, sin embargo, los tres ejemplos paradigmáticos, Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán, los que nos muestran a qué grado de inhumanidad pueden llegar tanto la clase política como las élites económicas. Estos últimos, al tener recursos económicos considerables, podrían forzar un cambio transformador en los gobiernos implicados, podrían ejercer una presión real hacia el gobierno en sus tres niveles. Dado que hay un contubernio con el mismo, no tienen intención alguna de exigir un cambio, a fin de cuentas, las víctimas de estos crímenes de estado son “plebe” ajena a su realidad; muy diferente, en cambio, cuando un miembro de su selecto grupo es víctima de secuestro o encarcelado “injustamente”… Ahí sí harán efectivo su poder influyendo en la clase política. Por su parte, la clase política encubrirá al ejército en su ilegalidad, en sus ejecuciones extrajudiciales; tolerará nexos entre funcionarios y el crimen organizado (es sabido que Murillo Karam conocía los nexos de los Abarca con Guerreros Unidos mucho antes de los hechos trágicos de Ayotzinapa); encubrirá a funcionarios que mienten en sus declaraciones públicas; dejará impunes a mandos policiales y funcionarios públicos que ordenan matanzas y ejecuciones contra civiles desarmados…

¿Cuáles son las vías no armadas?
Ante tales abusos y vejaciones; ante tal indiferencia hacia las necesidades y demandas de un pueblo; ante tal violencia sistemática, ¿qué medidas puede tomar el oprimido? Existe toda una tradición que deviene del pensamiento moderno ilustrado y defiende la racionalidad dialógica como vía idónea para solventar diferencias. Esta perspectiva cancela, naturalmente, cualquier uso de violencia por definirla como irracional en sí misma. ¿Qué opciones deja ante la inviabilidad de la violencia irracional? Desde redes sociales como medio para expresar inconformidad hasta marchas del silencio; desde el voto de castigo hasta manifestaciones pacíficas; desde mantenerse informado hasta generar espacios públicos de debate; desde la apertura de los medios de información hasta la denuncia de abusos y atropellos por parte de las autoridades. Todas estas opciones, sin embargo, presentan dos problemas de fondo: 1) asumir la racionalidad dialógica en el otro, y 2) ignorar que todas las opciones mencionadas existen al interior de la superestructura del sistema actual. Esto significa que, por definición, tales vías son insuficientes. Veamos por qué.

¿Por qué son insuficientes?
Todo diálogo parte del supuesto de la multiplicidad de sujetos dialogantes. Eso es obvio. A primera vista parece que esa condición sí se cumple cuando los oprimidos, el pueblo, hace demandas (más que justificadas) a las “autoridades del sistema”. Nosotros, pueblo, les demandamos a ellos, autoridades, tales o cuales acciones que mejoren nuestras condiciones reales de vida. El sujeto A exige x al sujeto B. El problema es que esto, en sí, no es aún un diálogo: de serlo, implicaría que el sujeto B, a) escucha al sujeto A, b) razona el mensaje transmitido por el sujeto A, y c) genera una respuesta a partir del mensaje emitido por el sujeto A. Dado que el inciso a no sucede, tampoco pueden suceder los incisos b y c. Cuando el pueblo clama, digamos, por justicia, las autoridades responden en automático: “las instancias correspondientes ya están tomando cartas en el asunto”, “ya se ha abierto una investigación”, “las víctimas eran delincuentes”, etc. Es decir, no se escucha al dialogante, no se razona el mensaje porque tal mensaje es ignorado y, por lo tanto, la respuesta no es en función del mensaje sino según los intereses de las autoridades. Esto significa que, dadas las condiciones actuales, el buscar un diálogo nos dejaría siempre en un monólogo.

Por otro lado, tal postura antidialógica por parte de las “autoridades” confirma su irracionalidad. Ya se ha mencionado en qué sentido la búsqueda de perpetuación de lo existente es irracional, pero a esto le añadimos la incapacidad absoluta al diálogo, cuya etimología nos remite a la idea de discurso racional, al uso del logos. Así, la incapacidad dialógica significa irracionalidad. Con esto, el primer motivo para descartar las vías de acción ya mencionadas, se resume así: no podemos pretender entablar un diálogo racional con seres irracionales, es una imposibilidad lógica.

La segunda complicación de las vías de acción descritas es que todas ellas en su conjunto, de manifestarse, lo harían al interior de la superestructura que las “autoridades” han construido. El que manifestemos nuestra inconformidad cobra sentido si hay una autoridad, una instancia que la escuche, pero tales autoridades viven en su soliloquio ideológico perene y tales instancias son, precisamente, las que a través de la institución en turno, generan nuestra inconformidad. Las marchas y las manifestaciones aspiran a generar presión, para forzar un cambio transformador. Si la superestructura está diseñada para cosificar al oprimido, ¿por qué las “autoridades” habrían de sentirse presionados por “cosas” (entiéndase, el pueblo cosificado)? Si las “autoridades” están dispuestas a asesinar a quienes alzan la voz, ¿por qué habrían de escuchar y atender a quienes alzan la voz pero en conjunto? Es decir, ¿cuántos ciudadanos se necesitan en una marcha, para que ésta modifique las acciones de un gobierno como el nuestro? ¿Cuántas marchas? ¿Cuántas pancartas o mantas? Los factores cuantitativos que yacen al fondo de las marchas y las manifestaciones, no pueden modificar el elemento cualitativo detrás del discurso ideológico y la superestructura de los opresores.

Si el voto se define al interior del sistema existente como un instrumento placebo, en el sentido de que su función es generar la ilusión de que se está contribuyendo a construir un cambio transformador cuando, en realidad, es meramente un cambio reproductor, carece de sentido el adjetivar al voto como “de castigo”. La clase política comparte suficientes características como para que podamos pensar que un cambio de siglas, de partido en el poder, realmente implica un castigo tal, que genera una modificación de esencia en el sistema.

Un pueblo informado me parece que es condición sine qua non para generar un cambio transformador. Pero, ¿qué hacer con tal conocimiento? Tener conciencia plena de la realidad en que se vive no es suficiente para modificar dicha realidad. Es preciso poseer mecanismos para que tal conciencia de la realidad pueda plasmarse en la praxis a través de acciones concretas, eficientes y diferenciadas a la inercia propia de la superestructura y sus discursos ideológicos. El problema es que tales mecanismos están monopolizados por los opresores, las “autoridades”. Por ello los espacios públicos de debate o los medios de comunicación alternos son cancelados y acallados una vez que se convierten en una amenaza real al sistema.

La democracia, naturalmente, va mucho más allá del voto y los procesos electorales. Se nos ofrece como una cultura de institucionalidad y transparencia en todos sus procesos. Como toda estructura de creación humana, es susceptible de deficiencias y espacios de mejora. Por esto, en caso de abusos e irregularidades, el ciudadano tiene a su disposición mecanismos para denunciarlos. Hasta aquí la descripción en abstracto, de la idealidad, de lo que debería ser. En la praxis, la impunidad y la ineficiencia de la institucionalidad caracterizan a la superestructura del sistema. Esto no parece ser el resultado de incapacidades o falta de medios para lograr una optimización, sino de decisiones deliberadas para asegurar el status quo.

¿Por qué y en qué sentido la vía armada aparece como “suficiente”?
Un contrapoder real y que genere un cambio transformador, parece que habría de recurrir a la fuerza. Hace poco más de cien años se ensayó esta vía y los resultados fueron doblemente calamitosos: miles de víctimas que murieron en el proceso y un grupúsculo de personas que monopolizó todo este proceso “revolucionario”. ¿Mejoró la realidad en que vivía el pueblo mexicano? Me aventuro a responder que sí lo hizo. ¿Tal mejora implicó equidad, justicia, libertad en su sentido más pleno? Me parece que no. ¿Solamente a través de un sacrificio igual (o muy probablemente mayor) podremos reivindicar nuestros derechos más elementales? ¿Solamente culminando aquel proceso histórico inconcluso podremos cancelar la perpetuación de lo existente? Si lo “insuficiente” abarca todas las vías para generar un cambio transformador, salvo una, es sencillo determinar qué es lo “suficiente”…

viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta de Fernández Noroña a Peña Nieto o por qué no privatizar Pemex II

Una última oportunidad para que sirvas a la Patria.
A Enrique Peña Nieto.
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Al pueblo de México.
Presentes.
Todas las reformas que has presentado y que llamas estructurales, son modificaciones legales totalmente contrarias al interés nacional. Pero de todas ellas, sin duda, destaca la reforma energética. Esa es la más lesiva y la más grave en contra de los intereses de la patria.

La reforma energética, pretende regresarle a las trasnacionales petroleras el control de nuestros yacimientos petroleros y desmantelar la empresa nacional más importante que México ha construido durante décadas: Petróleos Mexicanos.

Has argumentado, que al abrirse Pemex a la inversión privada, eufemismo para ocultar a las trasnacionales petroleras, se darán una serie de beneficios de muy diverso tipo, que van desde aumentar la producción de petróleo crudo, hasta generar empleo y bajar los costos de la gasolina. Todo ello es falso. Es en realidad una decisión contraria a los intereses nacionales, y has llegado al colmo de presentarte como el Lázaro Cárdenas del siglo XXI.

En realidad mientes en todas las líneas y esto habría que dejarlo claro, Pemex es la empresa número 36 del mundo, la 13ª de América; la segunda de América latina, sólo después de Petróleos de Venezuela y es sin duda, la primerísima de México.

Pemex es el quinto productor de petróleo crudo del mundo (extractor, ya que es materia prima, un recurso no renovable). Es el tercer exportador de petróleo crudo más importante a Estados Unidos, debajo de Canadá y Arabia Saudita. Pemex además tiene el costo de producción (extracción) de petróleo más bajo de todas las petroleras del mundo y el segundo más bajo en exploración, sólo después de la Shell.

Es falso también que esté decayendo la producción. Pemex extrae de manera estable 2.5 millones de barriles de petróleo crudo al día. La renta petrolera o ganancia anda por el orden de 90 dólares por barril. Así las cosas, Pemex produce 225 millones de dólares al día; 82.000 millones de dólares al año. Esto se traduce al tipo de cambio de $13 por dólar en un billón (un millón de millones) 76,000 millones de pesos.

¿De dónde sacas que Pemex no produce, si el año pasado le dio al país un billón 67,000 millones de pesos? En los últimos 12 años, Pemex le dio a la nación 687,000 millones de dólares, lo has leído bien, 687,000 millones de dólares.

Planteas que se debe aumentar la extracción de petróleo crudo de 2.5 millones a tres o 3.5 millones. Estamos exportando diario a Estados Unidos 1 millón de barriles de petróleo, ya que nuestro país requiere para su funcionamiento millón y medio. Dirás que al aumentar la exportación de petróleo crudo, aumentarán nuestros ingresos, no necesariamente. Puede suceder que al aumentar la producción se genere una baja en los precios del petróleo crudo en el mundo.

Por otra parte, han manejado la mentira de que Estados Unidos se convertirá en exportador de petróleo crudo, nada más falso. Nuestro vecino país consume 20 millones de barriles de petróleo crudo al día y sólo produce ocho, importa 12 millones de una producción mundial de 84 millones de barriles al día. Tiene reservas para cinco años. No tiene manera de volverse a convertir en exportador de petróleo crudo en su existencia.

Nosotros debemos de dejar de exportar petróleo crudo a los Estados Unidos. Ya que estamos importando gasolina y exportando petróleo crudo, de hecho importamos la mitad de la gasolina que consumimos. ¿Por qué no refinamos nosotros nuestro petróleo?

Dirás que no tenemos la tecnología o que no tenemos los recursos. Mientes en ambos casos. México refinó su petróleo desde hace 75 años en que se expropió en 1938 a las trasnacionales petroleras. Contamos además con la tecnología, pero cuando ésta no se tiene, se compra. Una refinería puede costar 500 millones de dólares y la tecnología para el funcionamiento de ésta, el 1% esa cantidad.

Simplemente, de los 687,000 millones de dólares que Pemex dio al país en los últimos 12 años, pudieron haberse tomado sólo 2,000 millones para construir cuatro refinerías y no estaríamos importando gasolina. No se ha construido una refinería en los últimos 30 años. De hecho, de la refinería que se iba a realizar en Hidalgo en el sexenio pasado, no se terminó ni la barda.

Habiéndose construido las refinerías, ya no estaríamos importando gasolina, esta no seguiría subiendo mes con mes, y encima de ello, estaríamos exportando nuestro petróleo refinado, en vez de petróleo crudo.

Te pondré un ejemplo del beneficio para el país sí en vez de vender el millón de barriles de petróleo crudo a Estados Unidos diariamente, se vendiera refinado. Dicen ustedes que refinar no es negocio, mienten, tan es negocio que las ganancias se multiplicarían por 16. Te lo explico: un barril de petróleo refinado nos daría 1440 dólares en vez de 90. Ello implicaría 1440 millones de dólares al día de ganancias y 16 billones de pesos al año; 16 millones de millones de pesos para el país de ganancias, casi cuatro veces el presupuesto planteado para el año 2013.

Y si en vez de refinar el petróleo se convierten en petroquímicos, las ganancias se multiplicarían por 60. Es decir que un barril de petróleo nos daría 5,400 dólares. Ganaríamos al día 5,4000 millones de dólares y al año 60 billones de pesos. Esto implicaría 15 veces el presupuesto planteado para el año 2013. Esas serían las ganancias que dejaría el millón de barriles de petróleo crudo que diario se exportan a los Estados Unidos si se procesarán de manera previa, industrialmente.

Pero para que quede aún más claro, los 16 billones de pesos repartidos de manera igual entre los 110 millones de mexicanos, daría a cada mexicano un ingreso de $145,000 anuales. Y los 60 billones de pesos repartidos de manera equitativa entre los 110 millones de mexicanos, daría un ingreso de $545,000 al año a cada uno de ellos. Dicho de otra manera, con ese proceso de industrialización, con ese negocio que quieres regalar a las trasnacionales petroleras, no existiría un solo mexicano pobre en nuestro país.

Con la riqueza petrolera que Pemex genera y con la que puede generar, seríamos sin duda uno de los cinco principales países en fuerza económica del mundo. Y dirás que son especulaciones, aunque sabes muy bien que no lo son. Lo que estoy planteando ya se realizó en el país. De 1938 a 1982 México creció el 6.5 por ciento con un Pemex integrado en una sola empresa, con una poderosa petroquímica de Pemex, que dio sustento a una de las empresas petroquímicas privadas más importantes del mundo, la petroquímica mexicana.
Todo esto desapareció cuando Carlos Salinas decuartizó Pemex y privatizó la petroquímica de esta importante paraestatal. Y te puedo contar un poco de historia también. Las trasnacionales petroleras ya estuvieron en México de finales del siglo XIX hasta 1938. Está muy documentado el voraz comportamiento, los atropellos, los despojos, la brutal explotación de nuestro pueblo y el saqueo que se hizo de la riqueza petrolera mexicana. Baste señalar que en los años 20 del siglo XX, fuimos el segundo productor de petróleo crudo del mundo y esto no le trajo mayor beneficio a la nación.

Porfirio Díaz dio concesiones a las empresas petroleras extranjeras sin que aportaran un solo centavo al país. No pagaban por importaciones, no pagaban por exportaciones, no pagaban por producción, prácticamente no pagaban por nada. Por lo menos tomó una precaución que tú ni siquiera has tomado, que consistía en que las empresas eran consideradas nacionales y no podían acudir a pedir protección de sus estados nacionales.

Al ser derrocado Porfirio Díaz y llegar el gobierno del presidente Madero, este pretendió en 1912 fijar un impuesto de dos centavos por tonelada de petróleo exportada. Las trasnacionales petroleras dijeron que era confiscatorio, se negaron a pagarlo y de hecho no lo hicieron. A los seis meses, el presidente Madero fue depuesto por un golpe militar y asesinado junto con el vicepresidente Pino Suárez. ¿Sacas conclusiones claras de lo que implica traer a las trasnacionales petroleras nuevamente al país?

Se reavivó la revolución, el usurpador Huerta fue depuesto; continuó la guerra civil y al final los constitucionalistas vencieron. El constituyente del 17 generó una reforma a la Constitución de 1857. Esa reforma tiene cuatro pilares: el artículo 27 constitucional es el fundamental y es el que tú pretendes modificar sin tener autoridad, legitimidad, ni fundamento legal para echar por tierra el eje articulador de la constitución de 1917. Los otros tres artículos eje que también ustedes han demolido son el tercero, el 123 y el 130. En cuanto al artículo 27 constitucional, recuperó para la nación el dominio del subsuelo y su riqueza. El agua, los minerales, el petróleo destacadamente. Tú pretendes acabar con este fundamento. No has generado una contrarrevolución, no has ganado una batalla que haya costado millones de vidas, para que quieras romper el pacto federal que es la Constitución Política y en particular, este artículo citado.

Y pretendes además pasar por encima del artículo 28, que establece las áreas estratégicas bajo control del Estado mexicano. De esta manera piensas entregar una de las riquezas naturales más importantes que tiene el país: el petróleo.

El artículo 27 es tan importante, que las trasnacionales petroleras, en su momento, lo declararon espurio. Nunca lo reconocieron y costó 21 años poder lograr su vigencia. Fue hasta la expropiación de 1938 que en realidad se recuperó el petróleo y el subsuelo en beneficio de la nación.

El presidente Carranza, que encabezó el primer gobierno estable surgido de la revolución, nunca pudo lograr la legislación secundaria, ni meter en cintura a las transnacionales petroleras. De hecho, generaron grupos armados encabezados por Peláez en las zonas petroleras, para que el gobierno surgido de la revolución y legítimamente constituido, no pudiera cobrar los impuestos correspondientes.

El presidente Obregón, no fue reconocido durante tres de sus cuatro años de mandato, por las presiones que las trasnacionales petroleras hicieron con el gobierno de los Estados Unidos. Durante su último año de gobierno, fue obligado a firmar los acuerdos de Bucareli. En éstos, se estableció que el artículo 27 constitucional no era retroactivo. Dicho en otras palabras, el petróleo le pertenecía a las trasnacionales petroleras y no a nuestra nación.

Si esto pudieron hacer con el presidente Obregón, que era un hombre firme, el general más brillantes de la revolución mexicana, un hombre bragado, ¿Qué no podrán hacer con presidentes como los actuales, que no tienen ningún punto de firmeza, ningún punto de energía, ningún compromiso con la independencia y la soberanía nacional?

Fue hasta 1938, con la expropiación petrolera, que entró en vigencia plena el artículo 27 constitucional. Te recuerdo -quizás no lo sabes, que el conflicto surgió porque las trasnacionales petroleras se negaron a otorgar un aumento salarial a los trabajadores de petróleos mexicanos que habían constituido un sindicato único. Plantearon un contrato colectivo de trabajo que costaba 26 millones de pesos. Las petroleras se escandalizaron, argumentaron que les era imposible cumplir esa demanda, que quebrarían. Los trabajadores se fueron a huelga, el gobierno intervino para buscar un arreglo. Los trabajadores aceptaron levantar la huelga y argumentar un conflicto económico.

No te haré la historia larga, no eres muy de lectura. Se realizó un dictamen en un mes y tres grandes hombres: Efraín Buenrostro, Jesús Silva Herzog y Mariano Moctezuma, emitieron un análisis de 2,600 cuartillas; 100 hojas del dictamen puntual y 40 conclusiones específicas. Te interesarán algunas de las conclusiones: las trasnacionales petroleras habían promovido intervenciones militares en contra de gobiernos de México; habían promovido internamente grupos armados en contra de gobiernos legítimamente constituidos; habían evadido el pago de impuestos; habían despojado comunidades indias y a pobladores pobres de sus predios para explotar yacimientos petroleros sin pago alguno. Habían creado y utilizado guardias blancas para imponer su ley, eufemismo para definir las arbitrariedades cotidianas en las zonas petroleras. Y para tu conocimiento, la gasolina valía 134.43 % más cara en México que en el exterior; los lubricantes valían 350.77% más caros en México que en el exterior. En general todos los productos derivados de la refinación del petróleo eran más caros en México que en el exterior.

Además el trabajo acreditó que era perfectamente posible el pago del contrato colectivo de 26 millones de pesos. La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje ratificó esta determinación. Las trasnacionales petroleras además de rechazar el fallo, promovieron la fuga de capitales y buscaron el quiebre económico del gobierno del general Lázaro Cárdenas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, ratificó el fallo de la Junta Federal, las trasnacionales petroleras desacataron también éste. Entonces el presidente Cárdenas, que tú perversamente dices emular, las expropió. Con eso puso al petróleo y toda su riqueza al servicio de nuestro pueblo. Tú quieres hacer justo lo contrario.

Si en verdad quieres retomar el pensamiento del general Lázaro Cárdenas, lo único que tienes que hacer es oír, ni siquiera leer, en YouTube, el discurso de expropiación de las trasnacionales petroleras. Ahí se concentran todos los agravios de esas empresas en contra nuestro país.

Las trasnacionales petroleras no se quedaron de brazos cruzados. Bloquearon económicamente al país, no permitían la entrada ni de un tornillo, ni de refacciones y ni de maquinaria, ni el equipo para el funcionamiento de Petróleos Mexicanos. Se tuvo que integrar una sola empresa de las decenas de empresas petroleras, no se contaba con altos mandos, no se contaba con capital. No conformes con ello, promovieron embargos de las exportaciones de petróleo crudo que realizábamos. Alegaban que era su petróleo y que se los habíamos robado. A pesar de todas esas dificultades los petroleros y petroleras mexicanas realizaron una hazaña y consolidaron a Pemex. La convirtieron en una de las empresas más poderosas del mundo. ¡Y ahora tú vienes a decirnos que no podemos salir adelante sin las trasnacionales petroleras después de 75 años de haberlo hecho y que esas empresas rapaces y voraces son las que van a salvar al país!

Me recuerdas a los conservadores del siglo XIX que decían que no podíamos ni gobernarnos y que fueron a traer un príncipe extranjero para que gobernara el país.

Dirás que hablo de historia y que hoy las cosas han cambiado, que todo es diferente. Falso. Te pondré un ejemplo reciente. En Kazajastán, se encontró un pozo petrolero que puede generar 2 millones de barriles de petróleo crudo al día. Kazajastán es un país sin una empresa como Pemex, sin tecnología, sin dinero y se asoció con las trasnacionales petroleras. De cada 100 barriles de petróleo extraídos, le correspondería 98 a las trasnacionales petroleras y sólo dos a Kazajastán. Un verdadero atraco. Lo peor es que las trasnacionales petroleras ni eso cumplieron y hoy, en los tribunales internacionales, éstas exigen a Kazajastán les pague una millonaria indemnización cuando no hicieron una sola obra para que el pozo produjera los 2 millones de barriles de petróleo al día.

Lo que pretendes hacer con la reforma energética es un acto de traición a la patria, lo que pretendes es entregar nuestra riqueza al extranjero y cancelar la posibilidad de un desarrollo económico próspero para nuestra nación. Como decía el Nigromante: "Pobre pueblo pobre, no quieren hacerte rico y te quieren hacer miserable".

Podría seguir argumentando sobre las falacias y falsedades en que sustentas tu reforma energética. Pero no creo que valga la pena extenderse. Lo que es necesario que sepas, es que aún tienes una última oportunidad de retirar este atraco a la nación, esta conjura contra los intereses de nuestra patria. Tienes, bien o mal habida, la máxima responsabilidad política del país y en vez de ponerla al servicio del pueblo, lo traicionas de manera miserable.

Así las cosas, te quiero plantear, te quiero exigir, que retires tu reforma energética. Que evites que el país se incendie. Que no cargues con la responsabilidad de la rebelión popular que se generará obligadamente para detener un acto de vil traición a los intereses nacionales.

No soy ingenuo, no espero nada y sin embargo me creo en la obligación de hacerte este emplazamiento. Pues tú y sólo tú cargarás con la responsabilidad de lo que se derive después de esta encrucijada en que has puesto a la nación.

Combatiremos con todo tu traición a la patria, actuaremos con toda energía para evitar que entregues a las trasnacionales petroleras una de nuestras riquezas naturales más importantes: el petróleo.

Ustedes han entregado todo: puertos, aeropuertos, carreteras, playas, banca, empresas públicas, agua, oro, plata, ferrocarriles, todo, han entregado todo. Y no les basta, no les es suficiente. No puedes alegar inocencia, pues eres parte de la continuidad de las políticas neoliberales de los últimos 30 años y que en especial con Carlos Salinas, han rematado los bienes nacionales.

Por mi parte, seguiré impulsando la desobediencia civil absoluta. Parar todo para que todo se mueva. Sé que tu gobierno no resistiría que la gente pare todo cinco, diez, quince días si mucho. Que no vayan a trabajar, que no vayan a la escuela, que no compren nada, que no vean televisión. Tu gobierno caería. La gente, espero, se dé cuenta del enorme poder que tiene y que no ejerce.

Pero no seré yo quien decida las formas de lucha, será el pueblo, será la gente, la que decida el camino y yo seguiré el que la gente trace.

No hay nada oculto, las intenciones están claras. Cada quien definirá el lugar que ocupe en esta batalla. Todo indica que tú estarás del lado de las trasnacionales petroleras y de un puñado de poderosos económicamente. Nosotros, del lado del pueblo, buscando su libertad, buscando su emancipación y trabajando para imponer condiciones de paz, libertad y justicia social en nuestra nación, nuestro pueblo se lo merece; no merece una mayor explotación, una mayor pobreza, una mayor hambre, una mayor desesperanza.

Lo que tú promueves es criminal, es atroz, es inaceptable. Lo debemos combatir con toda firmeza y con toda energía. Debemos lograr tu remoción, si te empeñas en entregar la riqueza petrolera y cancelar la independencia y la soberanía de nuestra patria.

Tú tienes una última oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas y de corregir tu conducta, antes de pasar a la historia como un traidor a la patria.
P.D. Pensabas que la unidad de la izquierda no se daría, también ahí te has equivocado. Hoy Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador han dado un paso importante en esa unidad necesaria para defender PEMEX y el petróleo. La unidad irá más allá, en esta lucha caben: priístas del nacionalismo revolucionario, panistas patriotas, perredistas, petistas, integrantes de Movimiento. Ciudadano, de Morena. Hombres y mujeres sin partido que quieran rescatar la patria, aquí cabremos todos sin exclusión.
Gerardo Fernández Noroña.
Ciudad de México a 19 de septiembre de 2013.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Por qué no privatizar Pemex



Como parte de la irracional inercia neoliberal, el gobierno en turno de México está  a días de presentar su reforma energética. Muy a pesar de las innumerables veces que Peña Nieto y Videgaray, incluso desde que estaban en la campaña presidencial, han afirmado que no pretenden privatizar Pemex, todo el país, o al menos aquellos medianamente informados, sabe que la voluntad del gobierno peñista es la privatización de la paraestatal y los recursos energéticos nacionales. A la fecha, sigo sin poder encontrar un solo argumento válido para justificar dicha privatización, partiendo del principio de que el gobierno debe buscar el bienestar de su pueblo. Ahora que si la lógica parte de cómo algunos cuantos políticos puedan sacar una tajada del jugoso negocio privatizador, entonces el panorama es otro. en las siguientes líneas yo parto de la hipótesis de que el gobierno tiene el deber de buscar el beneficio de su pueblo.

Por el contrario, al buscar construir argumentos en contra de dicha privatización, la tarea se prolonga casi ad infinitum debido a la cantidad de elementos con que disponemos para rechazar semejante maniobra política.

1. Pemex aporta alrededor del 40% del presupuesto nacional. Si la paraestatal es rematada a petroleras transnacionales, ¿acaso el gobierno les seguirá cobrando ese 40% en impuestos? Naturalmente que no. Si ni siquiera a Televisa le cobra impuestos. De privatizarse Pemex, el ingreso de la federación se verá seriamente afectado, y es precisamente ese ingreso el que permite inversión enfocada en el bienestar público.

2. Aunque pareciera que a los gobiernos no les interese mucho el bienestar público, sí les interesa que el ingreso federal no disminuya. A pesar de que ese 40% de sus recursos ya no podrá llegar de Pemex, llegaría de un incremento al IVA de 19% que ya José Ángel Gurría recomendó a Peña Nieto. Es decir, el pueblo, tú y yo, vamos a darle más dinero al gobierno para que sus ingresos no se vean afectados por una venta que ellos mismos decidieron hacer y que se supone que nos beneficia (?).

3. Se insiste mucho en que Pemex es una empresa mediocre, en el mejor de los casos, debido a su baja productividad, a su incapacidad para invertir y generar nueva tecnología, su atraso y falta de modernidad, la corrupción que alberga, la gran burocracia que le resta eficiencia. A pesar de todo esto que se dice una y otra vez, Pemex, en cuanto a ingresos, es la empresa número 1 de América latina. Y la 13 del todo el continente. Superior incluso que Petrobras, la petrolera brasileña de rol determinante en el posicionamiento de Brasil como parte de los BRICS. A nivel mundial, Pemex es la número 36. Con sus casi 100 mil millones de dólares anuales, sus ingresos son superiores a los de todas las empresas nacionales, juntas. Y todo esto, a pesar de la corrupción de los gobiernos que han ordeñado a Pemex, de su corrupción interna (y no sólo en el sindicato), y la falta de inversión para modernizar a la empresa.

4. Pero la importancia de Pemex no es meramente de ingresos, sino que es una cuestión estratégica. Una nación, en la medida de sus posibilidades, debe asegurar su abasto energético para asegurar su producción, su economía y, en última instancia, su bienestar. ¿Qué otra razón puede haber para que EEUU invada Medio Oriente (Afganistán, Irak, Libia vía la OTAN, más lo que se siga acumulando)? Asegurar su suministro energético. No hace mucho, Argentina expropió a la petrolera española YPF para asegurar recursos energéticos y su uso en beneficio de la nación y no de una empresa extranjera. Pero aquí en México se ignora al parecer este principio estratégico elemental.

5. El principio neoliberal proviene de Adam Smith e indica que el Estado no debe ser el principal actor económico, sino que el sector privado (que no necesariamente extranjero) debe asumir dicho rol. Cada empresa, al buscar maximizar su ganancia, beneficiará al país entero y a los individuos que como trabajadores o consumidores se beneficiarán por la empresa. La libre competencia entre numerosas empresas hará que el mercado nacional florezca y se vaya robusteciendo paulatinamente. En México esta ideología se introdujo en los 80’s durante el gobierno de Miguel de la Madrid y, con especial fuerza, en el obscuro sexenio de Salinas de Gortari. Se privatizó la banca, los ferrocarriles, la telefonía, televisión… y la pregunta es inevitable: ¿cuál ha sido el beneficio? La banca privada en México obtiene grandes rendimientos pero no ha beneficiado al país (créditos accesibles, tasas de interés medianamente racionales), los ferrocarriles ni siquiera existen, la telefonía sirvió para volver multimillonario a un empresario, y la cadena de televisión que fue privatizada es un foco de desinformación y grotesca manipulación. ¿Qué privatización ha sido benéfica para el pueblo? ¿Existen evidencias de que la economía controlada por el sector privado sea la mejor opción? Al contrario: la etapa de mayor crecimiento económico se dio de 1940 a 1956, durante el llamado milagro mexicano, y el Estado tuvo un rol fundamental (al igual que la entonces reciente expropiación petrolera).

6. Desde el siglo XIX en que se descubrieron y empezaron a explotar los primeros yacimientos en México, habían sido empresas extranjeras las que estaban a cargo de ello. Esta tendencia se disparó durante el porfiriato, permitiendo que empresas estadounidenses y europeas explotaran el petróleo. En el México posrevolucionario se empezó a buscar obtener el control del subsuelo nacional, petróleo incluido, cosa que molestó a las transnacionales petroleras. No fue sino hasta la década de los 30’s cuando el gobierno pudo obtener el control absoluto de sus propios recursos naturales, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. A pesar de los berrinches diplomáticos de EEUU (embargo comercial, y dejó de comprar petróleo y plata de México), Holanda (embargo comercial), y Reino Unido (rompió relaciones diplomáticas con México), los siguientes 15 años fueron los de mayor crecimiento económico en la historia moderna del país. Después vendría la docena trágica (los gobiernos de Echevarría y López Portillo) y el neoliberalismo, para frenar la bonanza económica. ¿Cómo y bajo qué argumentos, regresar al siglo XIX en cuanto a uso y explotación de recursos naturales es un beneficio? ¿Cómo el retomar políticas de país colonizado es preferible a la soberanía?

Para dar mayor claridad del impacto que la privatización (o bursatilización) tendría en México, recomiendo la intervención de Jalife-Rahme en febrero de 2013.

O este vídeo que sintetiza la situación de Pemex hasta antes del regreso del PRI a la presidencia en 2012.


Fuentes:
Jalife-Rahme, Alfredo (2013). “Feudalización de los energéticos de México: hermenéutica de una privatización encubierta”, en Alfredo Jalife-Rahme.com. Tomado de: http://www.alfredojalife.com/feudalizacion-de-los-energeticos-de-mexico-hermeneutica-de-una-privatizacion-encubierta/
Rodríguez, Israel (2012). “Pemex, la empresa que más ingresos genera en México y la segunda en AL”, en La Jornada. Tomado de: http://www.jornada.unam.mx/2012/08/05/economia/023n1eco
Sacristán, Emilio (2006). Las privatizaciones en México. Tomado de: http://www.economia.unam.mx/publicaciones/econunam/pdfs/09/04EmilioSacristan.pdf