viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta de Fernández Noroña a Peña Nieto o por qué no privatizar Pemex II

Una última oportunidad para que sirvas a la Patria.
A Enrique Peña Nieto.
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Al pueblo de México.
Presentes.
Todas las reformas que has presentado y que llamas estructurales, son modificaciones legales totalmente contrarias al interés nacional. Pero de todas ellas, sin duda, destaca la reforma energética. Esa es la más lesiva y la más grave en contra de los intereses de la patria.

La reforma energética, pretende regresarle a las trasnacionales petroleras el control de nuestros yacimientos petroleros y desmantelar la empresa nacional más importante que México ha construido durante décadas: Petróleos Mexicanos.

Has argumentado, que al abrirse Pemex a la inversión privada, eufemismo para ocultar a las trasnacionales petroleras, se darán una serie de beneficios de muy diverso tipo, que van desde aumentar la producción de petróleo crudo, hasta generar empleo y bajar los costos de la gasolina. Todo ello es falso. Es en realidad una decisión contraria a los intereses nacionales, y has llegado al colmo de presentarte como el Lázaro Cárdenas del siglo XXI.

En realidad mientes en todas las líneas y esto habría que dejarlo claro, Pemex es la empresa número 36 del mundo, la 13ª de América; la segunda de América latina, sólo después de Petróleos de Venezuela y es sin duda, la primerísima de México.

Pemex es el quinto productor de petróleo crudo del mundo (extractor, ya que es materia prima, un recurso no renovable). Es el tercer exportador de petróleo crudo más importante a Estados Unidos, debajo de Canadá y Arabia Saudita. Pemex además tiene el costo de producción (extracción) de petróleo más bajo de todas las petroleras del mundo y el segundo más bajo en exploración, sólo después de la Shell.

Es falso también que esté decayendo la producción. Pemex extrae de manera estable 2.5 millones de barriles de petróleo crudo al día. La renta petrolera o ganancia anda por el orden de 90 dólares por barril. Así las cosas, Pemex produce 225 millones de dólares al día; 82.000 millones de dólares al año. Esto se traduce al tipo de cambio de $13 por dólar en un billón (un millón de millones) 76,000 millones de pesos.

¿De dónde sacas que Pemex no produce, si el año pasado le dio al país un billón 67,000 millones de pesos? En los últimos 12 años, Pemex le dio a la nación 687,000 millones de dólares, lo has leído bien, 687,000 millones de dólares.

Planteas que se debe aumentar la extracción de petróleo crudo de 2.5 millones a tres o 3.5 millones. Estamos exportando diario a Estados Unidos 1 millón de barriles de petróleo, ya que nuestro país requiere para su funcionamiento millón y medio. Dirás que al aumentar la exportación de petróleo crudo, aumentarán nuestros ingresos, no necesariamente. Puede suceder que al aumentar la producción se genere una baja en los precios del petróleo crudo en el mundo.

Por otra parte, han manejado la mentira de que Estados Unidos se convertirá en exportador de petróleo crudo, nada más falso. Nuestro vecino país consume 20 millones de barriles de petróleo crudo al día y sólo produce ocho, importa 12 millones de una producción mundial de 84 millones de barriles al día. Tiene reservas para cinco años. No tiene manera de volverse a convertir en exportador de petróleo crudo en su existencia.

Nosotros debemos de dejar de exportar petróleo crudo a los Estados Unidos. Ya que estamos importando gasolina y exportando petróleo crudo, de hecho importamos la mitad de la gasolina que consumimos. ¿Por qué no refinamos nosotros nuestro petróleo?

Dirás que no tenemos la tecnología o que no tenemos los recursos. Mientes en ambos casos. México refinó su petróleo desde hace 75 años en que se expropió en 1938 a las trasnacionales petroleras. Contamos además con la tecnología, pero cuando ésta no se tiene, se compra. Una refinería puede costar 500 millones de dólares y la tecnología para el funcionamiento de ésta, el 1% esa cantidad.

Simplemente, de los 687,000 millones de dólares que Pemex dio al país en los últimos 12 años, pudieron haberse tomado sólo 2,000 millones para construir cuatro refinerías y no estaríamos importando gasolina. No se ha construido una refinería en los últimos 30 años. De hecho, de la refinería que se iba a realizar en Hidalgo en el sexenio pasado, no se terminó ni la barda.

Habiéndose construido las refinerías, ya no estaríamos importando gasolina, esta no seguiría subiendo mes con mes, y encima de ello, estaríamos exportando nuestro petróleo refinado, en vez de petróleo crudo.

Te pondré un ejemplo del beneficio para el país sí en vez de vender el millón de barriles de petróleo crudo a Estados Unidos diariamente, se vendiera refinado. Dicen ustedes que refinar no es negocio, mienten, tan es negocio que las ganancias se multiplicarían por 16. Te lo explico: un barril de petróleo refinado nos daría 1440 dólares en vez de 90. Ello implicaría 1440 millones de dólares al día de ganancias y 16 billones de pesos al año; 16 millones de millones de pesos para el país de ganancias, casi cuatro veces el presupuesto planteado para el año 2013.

Y si en vez de refinar el petróleo se convierten en petroquímicos, las ganancias se multiplicarían por 60. Es decir que un barril de petróleo nos daría 5,400 dólares. Ganaríamos al día 5,4000 millones de dólares y al año 60 billones de pesos. Esto implicaría 15 veces el presupuesto planteado para el año 2013. Esas serían las ganancias que dejaría el millón de barriles de petróleo crudo que diario se exportan a los Estados Unidos si se procesarán de manera previa, industrialmente.

Pero para que quede aún más claro, los 16 billones de pesos repartidos de manera igual entre los 110 millones de mexicanos, daría a cada mexicano un ingreso de $145,000 anuales. Y los 60 billones de pesos repartidos de manera equitativa entre los 110 millones de mexicanos, daría un ingreso de $545,000 al año a cada uno de ellos. Dicho de otra manera, con ese proceso de industrialización, con ese negocio que quieres regalar a las trasnacionales petroleras, no existiría un solo mexicano pobre en nuestro país.

Con la riqueza petrolera que Pemex genera y con la que puede generar, seríamos sin duda uno de los cinco principales países en fuerza económica del mundo. Y dirás que son especulaciones, aunque sabes muy bien que no lo son. Lo que estoy planteando ya se realizó en el país. De 1938 a 1982 México creció el 6.5 por ciento con un Pemex integrado en una sola empresa, con una poderosa petroquímica de Pemex, que dio sustento a una de las empresas petroquímicas privadas más importantes del mundo, la petroquímica mexicana.
Todo esto desapareció cuando Carlos Salinas decuartizó Pemex y privatizó la petroquímica de esta importante paraestatal. Y te puedo contar un poco de historia también. Las trasnacionales petroleras ya estuvieron en México de finales del siglo XIX hasta 1938. Está muy documentado el voraz comportamiento, los atropellos, los despojos, la brutal explotación de nuestro pueblo y el saqueo que se hizo de la riqueza petrolera mexicana. Baste señalar que en los años 20 del siglo XX, fuimos el segundo productor de petróleo crudo del mundo y esto no le trajo mayor beneficio a la nación.

Porfirio Díaz dio concesiones a las empresas petroleras extranjeras sin que aportaran un solo centavo al país. No pagaban por importaciones, no pagaban por exportaciones, no pagaban por producción, prácticamente no pagaban por nada. Por lo menos tomó una precaución que tú ni siquiera has tomado, que consistía en que las empresas eran consideradas nacionales y no podían acudir a pedir protección de sus estados nacionales.

Al ser derrocado Porfirio Díaz y llegar el gobierno del presidente Madero, este pretendió en 1912 fijar un impuesto de dos centavos por tonelada de petróleo exportada. Las trasnacionales petroleras dijeron que era confiscatorio, se negaron a pagarlo y de hecho no lo hicieron. A los seis meses, el presidente Madero fue depuesto por un golpe militar y asesinado junto con el vicepresidente Pino Suárez. ¿Sacas conclusiones claras de lo que implica traer a las trasnacionales petroleras nuevamente al país?

Se reavivó la revolución, el usurpador Huerta fue depuesto; continuó la guerra civil y al final los constitucionalistas vencieron. El constituyente del 17 generó una reforma a la Constitución de 1857. Esa reforma tiene cuatro pilares: el artículo 27 constitucional es el fundamental y es el que tú pretendes modificar sin tener autoridad, legitimidad, ni fundamento legal para echar por tierra el eje articulador de la constitución de 1917. Los otros tres artículos eje que también ustedes han demolido son el tercero, el 123 y el 130. En cuanto al artículo 27 constitucional, recuperó para la nación el dominio del subsuelo y su riqueza. El agua, los minerales, el petróleo destacadamente. Tú pretendes acabar con este fundamento. No has generado una contrarrevolución, no has ganado una batalla que haya costado millones de vidas, para que quieras romper el pacto federal que es la Constitución Política y en particular, este artículo citado.

Y pretendes además pasar por encima del artículo 28, que establece las áreas estratégicas bajo control del Estado mexicano. De esta manera piensas entregar una de las riquezas naturales más importantes que tiene el país: el petróleo.

El artículo 27 es tan importante, que las trasnacionales petroleras, en su momento, lo declararon espurio. Nunca lo reconocieron y costó 21 años poder lograr su vigencia. Fue hasta la expropiación de 1938 que en realidad se recuperó el petróleo y el subsuelo en beneficio de la nación.

El presidente Carranza, que encabezó el primer gobierno estable surgido de la revolución, nunca pudo lograr la legislación secundaria, ni meter en cintura a las transnacionales petroleras. De hecho, generaron grupos armados encabezados por Peláez en las zonas petroleras, para que el gobierno surgido de la revolución y legítimamente constituido, no pudiera cobrar los impuestos correspondientes.

El presidente Obregón, no fue reconocido durante tres de sus cuatro años de mandato, por las presiones que las trasnacionales petroleras hicieron con el gobierno de los Estados Unidos. Durante su último año de gobierno, fue obligado a firmar los acuerdos de Bucareli. En éstos, se estableció que el artículo 27 constitucional no era retroactivo. Dicho en otras palabras, el petróleo le pertenecía a las trasnacionales petroleras y no a nuestra nación.

Si esto pudieron hacer con el presidente Obregón, que era un hombre firme, el general más brillantes de la revolución mexicana, un hombre bragado, ¿Qué no podrán hacer con presidentes como los actuales, que no tienen ningún punto de firmeza, ningún punto de energía, ningún compromiso con la independencia y la soberanía nacional?

Fue hasta 1938, con la expropiación petrolera, que entró en vigencia plena el artículo 27 constitucional. Te recuerdo -quizás no lo sabes, que el conflicto surgió porque las trasnacionales petroleras se negaron a otorgar un aumento salarial a los trabajadores de petróleos mexicanos que habían constituido un sindicato único. Plantearon un contrato colectivo de trabajo que costaba 26 millones de pesos. Las petroleras se escandalizaron, argumentaron que les era imposible cumplir esa demanda, que quebrarían. Los trabajadores se fueron a huelga, el gobierno intervino para buscar un arreglo. Los trabajadores aceptaron levantar la huelga y argumentar un conflicto económico.

No te haré la historia larga, no eres muy de lectura. Se realizó un dictamen en un mes y tres grandes hombres: Efraín Buenrostro, Jesús Silva Herzog y Mariano Moctezuma, emitieron un análisis de 2,600 cuartillas; 100 hojas del dictamen puntual y 40 conclusiones específicas. Te interesarán algunas de las conclusiones: las trasnacionales petroleras habían promovido intervenciones militares en contra de gobiernos de México; habían promovido internamente grupos armados en contra de gobiernos legítimamente constituidos; habían evadido el pago de impuestos; habían despojado comunidades indias y a pobladores pobres de sus predios para explotar yacimientos petroleros sin pago alguno. Habían creado y utilizado guardias blancas para imponer su ley, eufemismo para definir las arbitrariedades cotidianas en las zonas petroleras. Y para tu conocimiento, la gasolina valía 134.43 % más cara en México que en el exterior; los lubricantes valían 350.77% más caros en México que en el exterior. En general todos los productos derivados de la refinación del petróleo eran más caros en México que en el exterior.

Además el trabajo acreditó que era perfectamente posible el pago del contrato colectivo de 26 millones de pesos. La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje ratificó esta determinación. Las trasnacionales petroleras además de rechazar el fallo, promovieron la fuga de capitales y buscaron el quiebre económico del gobierno del general Lázaro Cárdenas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, ratificó el fallo de la Junta Federal, las trasnacionales petroleras desacataron también éste. Entonces el presidente Cárdenas, que tú perversamente dices emular, las expropió. Con eso puso al petróleo y toda su riqueza al servicio de nuestro pueblo. Tú quieres hacer justo lo contrario.

Si en verdad quieres retomar el pensamiento del general Lázaro Cárdenas, lo único que tienes que hacer es oír, ni siquiera leer, en YouTube, el discurso de expropiación de las trasnacionales petroleras. Ahí se concentran todos los agravios de esas empresas en contra nuestro país.

Las trasnacionales petroleras no se quedaron de brazos cruzados. Bloquearon económicamente al país, no permitían la entrada ni de un tornillo, ni de refacciones y ni de maquinaria, ni el equipo para el funcionamiento de Petróleos Mexicanos. Se tuvo que integrar una sola empresa de las decenas de empresas petroleras, no se contaba con altos mandos, no se contaba con capital. No conformes con ello, promovieron embargos de las exportaciones de petróleo crudo que realizábamos. Alegaban que era su petróleo y que se los habíamos robado. A pesar de todas esas dificultades los petroleros y petroleras mexicanas realizaron una hazaña y consolidaron a Pemex. La convirtieron en una de las empresas más poderosas del mundo. ¡Y ahora tú vienes a decirnos que no podemos salir adelante sin las trasnacionales petroleras después de 75 años de haberlo hecho y que esas empresas rapaces y voraces son las que van a salvar al país!

Me recuerdas a los conservadores del siglo XIX que decían que no podíamos ni gobernarnos y que fueron a traer un príncipe extranjero para que gobernara el país.

Dirás que hablo de historia y que hoy las cosas han cambiado, que todo es diferente. Falso. Te pondré un ejemplo reciente. En Kazajastán, se encontró un pozo petrolero que puede generar 2 millones de barriles de petróleo crudo al día. Kazajastán es un país sin una empresa como Pemex, sin tecnología, sin dinero y se asoció con las trasnacionales petroleras. De cada 100 barriles de petróleo extraídos, le correspondería 98 a las trasnacionales petroleras y sólo dos a Kazajastán. Un verdadero atraco. Lo peor es que las trasnacionales petroleras ni eso cumplieron y hoy, en los tribunales internacionales, éstas exigen a Kazajastán les pague una millonaria indemnización cuando no hicieron una sola obra para que el pozo produjera los 2 millones de barriles de petróleo al día.

Lo que pretendes hacer con la reforma energética es un acto de traición a la patria, lo que pretendes es entregar nuestra riqueza al extranjero y cancelar la posibilidad de un desarrollo económico próspero para nuestra nación. Como decía el Nigromante: "Pobre pueblo pobre, no quieren hacerte rico y te quieren hacer miserable".

Podría seguir argumentando sobre las falacias y falsedades en que sustentas tu reforma energética. Pero no creo que valga la pena extenderse. Lo que es necesario que sepas, es que aún tienes una última oportunidad de retirar este atraco a la nación, esta conjura contra los intereses de nuestra patria. Tienes, bien o mal habida, la máxima responsabilidad política del país y en vez de ponerla al servicio del pueblo, lo traicionas de manera miserable.

Así las cosas, te quiero plantear, te quiero exigir, que retires tu reforma energética. Que evites que el país se incendie. Que no cargues con la responsabilidad de la rebelión popular que se generará obligadamente para detener un acto de vil traición a los intereses nacionales.

No soy ingenuo, no espero nada y sin embargo me creo en la obligación de hacerte este emplazamiento. Pues tú y sólo tú cargarás con la responsabilidad de lo que se derive después de esta encrucijada en que has puesto a la nación.

Combatiremos con todo tu traición a la patria, actuaremos con toda energía para evitar que entregues a las trasnacionales petroleras una de nuestras riquezas naturales más importantes: el petróleo.

Ustedes han entregado todo: puertos, aeropuertos, carreteras, playas, banca, empresas públicas, agua, oro, plata, ferrocarriles, todo, han entregado todo. Y no les basta, no les es suficiente. No puedes alegar inocencia, pues eres parte de la continuidad de las políticas neoliberales de los últimos 30 años y que en especial con Carlos Salinas, han rematado los bienes nacionales.

Por mi parte, seguiré impulsando la desobediencia civil absoluta. Parar todo para que todo se mueva. Sé que tu gobierno no resistiría que la gente pare todo cinco, diez, quince días si mucho. Que no vayan a trabajar, que no vayan a la escuela, que no compren nada, que no vean televisión. Tu gobierno caería. La gente, espero, se dé cuenta del enorme poder que tiene y que no ejerce.

Pero no seré yo quien decida las formas de lucha, será el pueblo, será la gente, la que decida el camino y yo seguiré el que la gente trace.

No hay nada oculto, las intenciones están claras. Cada quien definirá el lugar que ocupe en esta batalla. Todo indica que tú estarás del lado de las trasnacionales petroleras y de un puñado de poderosos económicamente. Nosotros, del lado del pueblo, buscando su libertad, buscando su emancipación y trabajando para imponer condiciones de paz, libertad y justicia social en nuestra nación, nuestro pueblo se lo merece; no merece una mayor explotación, una mayor pobreza, una mayor hambre, una mayor desesperanza.

Lo que tú promueves es criminal, es atroz, es inaceptable. Lo debemos combatir con toda firmeza y con toda energía. Debemos lograr tu remoción, si te empeñas en entregar la riqueza petrolera y cancelar la independencia y la soberanía de nuestra patria.

Tú tienes una última oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas y de corregir tu conducta, antes de pasar a la historia como un traidor a la patria.
P.D. Pensabas que la unidad de la izquierda no se daría, también ahí te has equivocado. Hoy Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador han dado un paso importante en esa unidad necesaria para defender PEMEX y el petróleo. La unidad irá más allá, en esta lucha caben: priístas del nacionalismo revolucionario, panistas patriotas, perredistas, petistas, integrantes de Movimiento. Ciudadano, de Morena. Hombres y mujeres sin partido que quieran rescatar la patria, aquí cabremos todos sin exclusión.
Gerardo Fernández Noroña.
Ciudad de México a 19 de septiembre de 2013.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Por qué no privatizar Pemex



Como parte de la irracional inercia neoliberal, el gobierno en turno de México está  a días de presentar su reforma energética. Muy a pesar de las innumerables veces que Peña Nieto y Videgaray, incluso desde que estaban en la campaña presidencial, han afirmado que no pretenden privatizar Pemex, todo el país, o al menos aquellos medianamente informados, sabe que la voluntad del gobierno peñista es la privatización de la paraestatal y los recursos energéticos nacionales. A la fecha, sigo sin poder encontrar un solo argumento válido para justificar dicha privatización, partiendo del principio de que el gobierno debe buscar el bienestar de su pueblo. Ahora que si la lógica parte de cómo algunos cuantos políticos puedan sacar una tajada del jugoso negocio privatizador, entonces el panorama es otro. en las siguientes líneas yo parto de la hipótesis de que el gobierno tiene el deber de buscar el beneficio de su pueblo.

Por el contrario, al buscar construir argumentos en contra de dicha privatización, la tarea se prolonga casi ad infinitum debido a la cantidad de elementos con que disponemos para rechazar semejante maniobra política.

1. Pemex aporta alrededor del 40% del presupuesto nacional. Si la paraestatal es rematada a petroleras transnacionales, ¿acaso el gobierno les seguirá cobrando ese 40% en impuestos? Naturalmente que no. Si ni siquiera a Televisa le cobra impuestos. De privatizarse Pemex, el ingreso de la federación se verá seriamente afectado, y es precisamente ese ingreso el que permite inversión enfocada en el bienestar público.

2. Aunque pareciera que a los gobiernos no les interese mucho el bienestar público, sí les interesa que el ingreso federal no disminuya. A pesar de que ese 40% de sus recursos ya no podrá llegar de Pemex, llegaría de un incremento al IVA de 19% que ya José Ángel Gurría recomendó a Peña Nieto. Es decir, el pueblo, tú y yo, vamos a darle más dinero al gobierno para que sus ingresos no se vean afectados por una venta que ellos mismos decidieron hacer y que se supone que nos beneficia (?).

3. Se insiste mucho en que Pemex es una empresa mediocre, en el mejor de los casos, debido a su baja productividad, a su incapacidad para invertir y generar nueva tecnología, su atraso y falta de modernidad, la corrupción que alberga, la gran burocracia que le resta eficiencia. A pesar de todo esto que se dice una y otra vez, Pemex, en cuanto a ingresos, es la empresa número 1 de América latina. Y la 13 del todo el continente. Superior incluso que Petrobras, la petrolera brasileña de rol determinante en el posicionamiento de Brasil como parte de los BRICS. A nivel mundial, Pemex es la número 36. Con sus casi 100 mil millones de dólares anuales, sus ingresos son superiores a los de todas las empresas nacionales, juntas. Y todo esto, a pesar de la corrupción de los gobiernos que han ordeñado a Pemex, de su corrupción interna (y no sólo en el sindicato), y la falta de inversión para modernizar a la empresa.

4. Pero la importancia de Pemex no es meramente de ingresos, sino que es una cuestión estratégica. Una nación, en la medida de sus posibilidades, debe asegurar su abasto energético para asegurar su producción, su economía y, en última instancia, su bienestar. ¿Qué otra razón puede haber para que EEUU invada Medio Oriente (Afganistán, Irak, Libia vía la OTAN, más lo que se siga acumulando)? Asegurar su suministro energético. No hace mucho, Argentina expropió a la petrolera española YPF para asegurar recursos energéticos y su uso en beneficio de la nación y no de una empresa extranjera. Pero aquí en México se ignora al parecer este principio estratégico elemental.

5. El principio neoliberal proviene de Adam Smith e indica que el Estado no debe ser el principal actor económico, sino que el sector privado (que no necesariamente extranjero) debe asumir dicho rol. Cada empresa, al buscar maximizar su ganancia, beneficiará al país entero y a los individuos que como trabajadores o consumidores se beneficiarán por la empresa. La libre competencia entre numerosas empresas hará que el mercado nacional florezca y se vaya robusteciendo paulatinamente. En México esta ideología se introdujo en los 80’s durante el gobierno de Miguel de la Madrid y, con especial fuerza, en el obscuro sexenio de Salinas de Gortari. Se privatizó la banca, los ferrocarriles, la telefonía, televisión… y la pregunta es inevitable: ¿cuál ha sido el beneficio? La banca privada en México obtiene grandes rendimientos pero no ha beneficiado al país (créditos accesibles, tasas de interés medianamente racionales), los ferrocarriles ni siquiera existen, la telefonía sirvió para volver multimillonario a un empresario, y la cadena de televisión que fue privatizada es un foco de desinformación y grotesca manipulación. ¿Qué privatización ha sido benéfica para el pueblo? ¿Existen evidencias de que la economía controlada por el sector privado sea la mejor opción? Al contrario: la etapa de mayor crecimiento económico se dio de 1940 a 1956, durante el llamado milagro mexicano, y el Estado tuvo un rol fundamental (al igual que la entonces reciente expropiación petrolera).

6. Desde el siglo XIX en que se descubrieron y empezaron a explotar los primeros yacimientos en México, habían sido empresas extranjeras las que estaban a cargo de ello. Esta tendencia se disparó durante el porfiriato, permitiendo que empresas estadounidenses y europeas explotaran el petróleo. En el México posrevolucionario se empezó a buscar obtener el control del subsuelo nacional, petróleo incluido, cosa que molestó a las transnacionales petroleras. No fue sino hasta la década de los 30’s cuando el gobierno pudo obtener el control absoluto de sus propios recursos naturales, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. A pesar de los berrinches diplomáticos de EEUU (embargo comercial, y dejó de comprar petróleo y plata de México), Holanda (embargo comercial), y Reino Unido (rompió relaciones diplomáticas con México), los siguientes 15 años fueron los de mayor crecimiento económico en la historia moderna del país. Después vendría la docena trágica (los gobiernos de Echevarría y López Portillo) y el neoliberalismo, para frenar la bonanza económica. ¿Cómo y bajo qué argumentos, regresar al siglo XIX en cuanto a uso y explotación de recursos naturales es un beneficio? ¿Cómo el retomar políticas de país colonizado es preferible a la soberanía?

Para dar mayor claridad del impacto que la privatización (o bursatilización) tendría en México, recomiendo la intervención de Jalife-Rahme en febrero de 2013.

O este vídeo que sintetiza la situación de Pemex hasta antes del regreso del PRI a la presidencia en 2012.


Fuentes:
Jalife-Rahme, Alfredo (2013). “Feudalización de los energéticos de México: hermenéutica de una privatización encubierta”, en Alfredo Jalife-Rahme.com. Tomado de: http://www.alfredojalife.com/feudalizacion-de-los-energeticos-de-mexico-hermeneutica-de-una-privatizacion-encubierta/
Rodríguez, Israel (2012). “Pemex, la empresa que más ingresos genera en México y la segunda en AL”, en La Jornada. Tomado de: http://www.jornada.unam.mx/2012/08/05/economia/023n1eco
Sacristán, Emilio (2006). Las privatizaciones en México. Tomado de: http://www.economia.unam.mx/publicaciones/econunam/pdfs/09/04EmilioSacristan.pdf

lunes, 3 de junio de 2013

Contraste entre el Utilitarismo de Mill y la Deontología de Kant



En esta entrada haré un breve contraste entre las posturas filosóficas de John Stuart Mill (1806 - 1873) y de Immanuel Kant (1724 - 1804), en particular sobre sus teorías éticas. Es evidente que el utilitarismo, que defiende una ética consecuencialista es opuesta al no consecuancialismo de la deontología, por lo que me centraré en la exposición general de la postura de Mill y, desde ella, iré enlazando con lo propuesto por Kant, para buscar alcanzar algunas conclusiones sobre ambas teorías a partir de mis reflexiones en torno al contraste entre aquéllas.

Muy al inicio de la obra El utilitarismo, Mill ya plantea su desacuerdo con el intuicionismo, el cual cree que “nuestra facultad moral nos proporciona solamente los principios generales de los juicios morales; es una rama de la razón, no de la facultad sensible, y a ella debe acudirse para la doctrina abstracta de la moralidad, no para su percepción en lo concreto” (Mill, sf/sp). Mientras que Mill busca el origen de la moralidad en factores empíricos, en el desarrollo de la sociedad, Kant, al estilo intuicionista, buscará fundar la moral en una percepción a priori de la razón, debido a lo subjetivo y cambiante que es el apelar a las inclinaciones subjetivas del ser humano. Con esto queda clara una primera diferencia que determinará la bifurcación que se da en ambos sistemas: mientras que Mill es empirista y rechaza toda explicación metafísica, Kant es racionalista y entiende que fundar una moral en factores empíricos lleva de vuelta a la problemática que expuso en su momento David Hume: el relativismo moral. Para anclar con certeza una moral que aspire a ser realmente universal y que pueda ser demostrada en sus cimientos, Kant cree que es preciso buscar explicaciones objetivas que, por irónico que parezca, lo empírico no puede proporcionar.

A grandes rasgos, Mill expone la idea de la moral utilitarista así:
“El credo que acepta la Utilidad o Principio de la Mayor Felicidad como fundamento de la moral, sostiene que las acciones son justas en la proporción con que tienden a promover la felicidad; e injustas en cuanto tienden a producir lo contrario de la felicidad. Se entiende por felicidad el placer, y la ausencia de dolor; por infelicidad, el dolor y la ausencia de placer” (Mill, sf/sp).

Aclarando que por placeres, Mill no entendió sólo los placeres físicos y que introdujo un criterio cualitativo para distinguir placeres elevados, como los espirituales o los intelectuales, de placeres más básicos y elementales. Ahora bien, aunque se plantea en el utilitarismo que la mayor felicidad posible sea para la mayor cantidad de personas posible, Mill es claro al respecto cuando nos dice que
“La multiplicación de la felicidad es, según la ética utilitarista, el objeto de la virtud; las ocasiones en que cualquiera (uno entre mil) pueda hacer esto en gran escala o, con otras palabras, puede ser un bienhechor público, no son sino excepcionales. Sólo en estas ocasiones es cuando está llamado a tomar en cuenta la utilidad pública; en todos los demás casos, lo único a que ha de atender es a la utilidad privada, al interés o a la felicidad de unas pocas personas” (Mill, sf/sp).

Esta tendencia al egoísmo, nos dice Mill, debe paliarse con las leyes y la educación, de modo que el interés de cada individuo tienda a estar en armonía con el interés común. Y aquella tendencia a seguir el interés individual es común a todo sistema moral, por lo que no será una objeción válida.

En este sentido, la misma objeción puede planteársele a Kant. Él nos dice que la naturaleza humana está dividida en dos elementos: las inclinaciones o instintos y la razón. Si esta última guía a la voluntad se obrará acorde al deber, y dicha voluntad habrá de ser buena. Pero, ¿cómo habremos de distinguir las acciones acordes con el deber? El imperativo categórico, principio racional a priori, es la respuesta de Kant. “La representación de un principio objetivo, en tanto que es constrictivo para una voluntad, se llama mandato (de la razón), y la fórmula del mandato se llama imperativo” (Kant, 2004:107). Este imperativo tiene tres fórmulas que se vuelven las leyes prácticas de la voluntad: “obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal” (2004:117); “obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio” (2004:127); concebir a “la voluntad de todo ser racional como una voluntad universalmente legisladora” (2004:129). Con estos tres elementos que Kant atribuye a priori a todo ser racional, es posible fundamentar una moralidad que sea universal, que nuestra razón nos presente como un deber independientemente de nuestras inclinaciones subjetivas, que incluya al prójimo en cada una de nuestras decisiones morales, que relegue al egoísmo a un segundo plano, y, finalmente, que nos mantenga como seres libres pues, al ser nosotros mismos quienes creamos los principios que nos rigen, seguimos dentro de la autonomía al obedecer nuestro deber. Somos legisladores y legislados al mismo tiempo.
Volviendo al realismo que manifiesta Mill al referirse al egoísmo natural al ser humano, Kant coincide cuando nos dice:
“Voy a admitir, por amor a los hombres, que la mayor parte de nuestras acciones son conformes al deber; pero si se miran de cerca los pensamientos y los esfuerzos, se tropieza por doquier con el amado yo, que de continuo se destaca, sobre el cual se fundan los propósitos, y no sobre el estrecho mandamiento del deber que muchas veces exigiría la renuncia y el sacrificio” (2004:102-103).

En este sentido, y dejando momentáneamente a un lado las fundamentaciones de sus sistemas, ambos autores parten del hecho de que el hombre tiende al egoísmo y necesita algo que lo "fuerce" a actuar de acuerdo a la moral: para Kant es un principio racional que todos compartimos, para Mill será el derecho externo y nuestro estar habituados a él.

La diferencia de fondo emerge cuando Mill presenta las fuentes o sanciones  a su utilitarismo, divididas en externas e internas. Las externas son
“La esperanza del favor y el temor al disgusto de nuestro prójimo o del Legislador del Universo [aquí resalto que Mill era declaradamente ateo], además de cualquier simpatía o afecto hacia aquél, o de amor y respeto hacia Éste” (Mill, sf/sp).

Mientras que las internas, que serán las que desarrolla Mill, se fundamentan en el deber. Pero no como lo entendió Kant, sino como
“un sentimiento de nuestra propia conciencia, un dolor más o menos intenso ajeno a la violación del deber, que surge en las naturalezas con educación moral apropiada y, en los casos más serios, les hace retroceder como ante una imposibilidad” (Mill, sf/sp).

Este será entonces el fundamento último de la moral utilitarista de Mill: el sentimiento. Un sentimiento producto de la simpatía, el amor, el miedo, nuestras vivencias particulares. ¿Y qué será lo que hace que el hombre acate su deber? Las sanciones externas, es decir, el miedo al castigo y al rechazo o, en el mejor de los casos, la búsqueda de reconocimiento y aceptación.

Así, Mill rechaza el deber kantiano emanado de la razón y sustentado en el imperativo categórico, como una “ley misteriosa” de “carácter místico” que lleva al remordimiento (pues al observar el deber se podría en contra del sentimiento), es decir, todo aquello que nos lleve a principios metafísicos será cortado de tajo con explicaciones de corte empírico en donde el sentimiento moral es adquirido y no innato. Para Mill, “la facultad moral, si no es una parte de nuestra naturaleza, constituye una consecuencia de ella. […] es capaz, hasta cierto punto, de brotar espontáneamente, y es susceptible de ser cultivada hasta un alto grado de desarrollo” (Mill, sf/sp).

Hasta aquí podemos entender cómo emerge la moralidad en cada uno de nosotros según Mill, pero le es preciso explicar por qué habremos de incluir al prójimo en nuestros “intereses”, es decir, por qué y cómo habremos de buscar no sólo nuestra felicidad sino también la de los demás.

Mill dirá que el progreso de la civilización, idea arraigada en su época por efectos de la Ilustración y, sobre todo, el positivismo, tiende a fortalecer la sociabilidad en el hombre y esta sociabilidad da pie a los sentimientos morales interpretados ad hoc por el utilitarismo. Ciertamente, hoy podemos poner fuertes dudas a esta ciega fe en el progreso de la civilización, pero dejemos esto de lado para mejor ocasión. La sociabilidad da pie a dos hechos: por un lado el que busquemos nuestra seguridad de injurias y agresiones, aunque sólo sea por nuestra propia protección, muy al estilo de Thomas Hobbes en su Leviatán; por otro lado, además de buscar nuestra seguridad, se va fortaleciendo una inclinación a ver por el otro y buscar la cooperación, al estilo de John Locke. Así explicará Mill el nacimiento del sentimiento moral:
“Los más pequeños gérmenes del sentimiento echan raíces y se alimentan con el contagio de las simpatías y las influencias de la educación; y un completo entramado de asociaciones corroborativas se teje a su alrededor por la acción poderosa de las sanciones externas” (Mill, sf/sp).

Para buscar aclarar qué sean estas sanciones externas, Mill se sumerge en la noción de justicia que se remonta al constreñimiento legal. Definiendo lo justo de forma negativa, Mill afirmará que injusto es todo aquello que merezca un castigo, si no a partir de la ley, al menos por la opinión de sus semejantes. Con esto, el inglés terminará por identificar a la justicia con la moral, y ésta tendrá por tanto, un origen empírico y subjetivo. ¿Qué origina la justicia y, por tanto, la moral? El impulso a la defensa propia y la simpatía (Mill, sf/sp). La justicia es entonces caracterizada como “el sentimiento natural de la venganza, moralizado para hacérsele extensivo a las exigencias del bien social” (Mill, sf/sp). La legalidad y el derecho, sancionados según el interés de la sociedad, interés que nos remite a sus instintos de supervivencia y una simpatía no del todo explicada, serán entonces las sanciones externas que obligan al hombre a mantenerse dentro de la moralidad.

A manera de conclusión, y concluyendo el contraste de ambas teorías, podemos afirmar, en primer lugar, que hay una enorme diferencia en la labor argumentativa. Mientras que Kant construyó un sistema cerrado, sólido, estructurado lógicamente con la maestría que le es característica y, sobre todo, atendiendo a reglas filosóficas elementales, Mill sustentó su sistema en dos elementos, principalmente: una explicación empírica sobre el origen de la sociedad y cómo dicho origen tiende a imbuirnos de moral, y un sentimiento que puede fortalecerse y, de hacerlo, buscar la felicidad de uno mismo y de los demás. A esto, ya Kant había contestado varios años antes y sin siquiera conocer la eventual aparición de la doctrina utilitarista: no podemos fundar una moral en explicaciones empíricas, sino que debemos ir a la argumentación racional, a la filosofía pura:
“[…] puesto que las leyes morales deben valer para todo ser racional en general, y de esta manera, la moral toda,  que necesita de la antropología para su aplicación a los hombres, habrá de exponerse por completo primero independientemente de ésta, como filosofía pura, es decir, como metafísica” (2004:107).

El segundo pilar en que Mill sustentó su teoría es el sentimiento y, en repetidas ocasiones lo explica Mill como algo que no podemos entender claramente pero de lo que todos, o al menos la mayoría, tenemos una idea. Esto es una clara violación a la lógica más básica, pues no es un principio explicativo, quedando como una petición de principio, y parece sustentarse en una falacia ad populum.

Fuentes:
Kant, I. (2004). Lo bello y lo sublime. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Ciudad de México: Editorial Tomo.

domingo, 2 de junio de 2013

Sobre la Epistemología



A diferencia de otras disciplinas filosóficas, la epistemología es más compleja de abordar (y de estudiar). De modo muy general y casi profano, podemos decir que la epistemología es la disciplina filosófica que estudia lo relacionado con el conocimiento. El vocablo tiene su raíz etimológica en episteme, conocimiento en griego. Se suele concebir como sinónimo de gnoseología y teoría del conocimiento. Hasta aquí la parte sencilla y preclara.

Pero, ¿qué es lo relacionado con el conocimiento? Si se piensa esto, no puede haber nada que no esté relacionado con el conocimiento, pues todo aquello que digamos o, incluso, pensemos, parte del conocimiento o de lo que creemos que es conocimiento. Toda verdad que enunciemos sobre cualquier tema será un contenido “conocido” previamente. En este sentido, más de un filósofo consideró a la epistemología como la philosophia prima, la madre de las disciplinas filosóficas. Algo que hoy día no parece sostenerse.

La epistemología parece estar recorriendo el camino que muchas otras antiguas disciplinas filosóficas han andado: las disciplinas que nacieron como parte de la filosofía y terminaron en el seno de la ciencia. La física, la química, la sociología o la psicología fueron disciplinas filosóficas para, en algún momento de la Historia, clamar su independencia como ciencias autónomas. A medio camino de este proceso parece estar la epistemología. Una vez que se da la revolución científica iniciada por Bacon y Copérnico, con un método que tiende a la contrastación empírica, múltiples disciplinas abandonaron a su vieja madre por considerarla obsoleta y con limitaciones insalvables. La filosofía vio partir así a sus emancipadas hijas, y la epistemología, andando el mismo sendero, parece estar en la frontera que divide filosofía y ciencia.

Debido a esto, reproduzco dos sentidos, mencionados por Luis Villoro, a la pregunta por el conocimiento.
Sentido 1. Por una parte, podemos ver a la epistemología ya sea como el proceso psíquico del hombre o como un constructo colectivo, social, que compartimos como comunidad. Este primer sentido nos lleva a buscar el origen del conocimiento, su desarrollo tanto interno al hombre como externo en los procesos de transformación social, y las consecuencias del conocimiento. Aquí vemos cómo ciencias como la fisiología, la genética o la psicología buscan desentrañar el proceso que origina el conocimiento y su rol en la conformación y desarrollo de la personalidad. Por otra parte, las ciencias sociales abordan el condicionamiento social de conocimientos compartidos y su función en las estructuras sociales. Así, este primer sentido de la epistemología se relaciona con el quehacer de la ciencia que busca explicar la génesis y los resultados del conocimiento.

Sentido 2. Si, en cambio, la pregunta por el conocimiento la entendemos más bien como la búsqueda de la justificación y validez de aquél, estaremos en el ámbito de la filosofía, que hoy busca responder al cuestionamiento por las condiciones en que algo pueda calificarse como conocimiento. ¿Cómo hace esto la filosofía? A través del análisis de los conceptos epistémicos que, al parecer, las ciencias no tienen muy claros, en especial la psicología. Ahora bien, si la filosofía buscará determinar la verdad y justificación de nuestras humanas creencias vía el análisis conceptual, queda claro que mantendrá una evidente dependencia de los avances que la ciencia va teniendo en muy diversos campos. Pero a la par, la ciencia dependerá de la conceptualización teórica que la filosofía vaya construyendo. A través de la epistemología, ciencia y filosofía muestran su estrecha relación que, desde que se separaron, han mantenido.

Tomando esto en cuenta, podemos ver las limitaciones y aciertos en obras como la de Hessen, que suelen concebir a la teoría del conocimiento  como subdividida en una teoría general y otra especial. La primera, al cuestionar la relación del pensamiento con el objeto en general, cae ya en el ámbito de la ciencia. La teoría especial, esta sí, propia de la filosofía, somete a investigaciones críticas los principios y los conceptos que explican las relaciones epistémicas sujeto – objeto.

¿En qué sentido la filosofía debe abordar el psicologismo que intentó explicar el origen del conocimiento desde épocas tan remotas como la del mismo Platón? Como una historia de la epistemología, pues, a fin de cuentas, lo que va desarrollando la ciencia hoy en día, tiene su lejano origen en los sistemas racionalistas, empiristas, o en las posturas escépticas e idealistas que se fueron gestando a lo largo de la Historia.

Fuentes
Hessen, J. (1993). Teoría del conocimiento. México: EMU.
Villoro, L. (1996). Creer, saber, conocer. México: Siglo Veintiuno Editores.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Sobre la Ontología

Al interior mismo de la Metafísica, como una forma particular ejercida a través de la historia o como una subdivisión, está la Ontología. Ésta aborda las sustancias o esencias, es decir, estudia la realidad en tanto que ente. La Ontología estudia el ser de las cosas, y dado que el ser es una característica común y no jerarquizable, todas las cosas son igualmente entes ante la Ontología. El ser de Dios y el ser de una mota de polvo son el mismo ser y, por ende, el mismo valor en tanto que entes que son.


Mas no se trata de buscar en el ser de cada ente sus características que lo vuelvan único (esto sería un acercamiento óntico y no ontológico), sino de abordar al ser mismo y a sus determinaciones necesarias. Cada ente participa de éstas determinaciones en igual forma, por lo que al ver un avión de papel surcar el aire o al ver una aparición celestial (así como doña María vio un ángel que le llevaba un mensaje) se está en presencia del ser en exactamente la misma manera: el avión de papel participa del ser de igual forma que el mensajero celestial. Ambos son de la misma forma. Ese elemento en común lo aborda la ontología, mientras que las diferencias de esos entes son cuestiones ónticas.

Olvidemos si el árbol es un manzano o es un roble, solo es; olvidemos si el estudiante es holgazán o es ñoño, solo es; olvidemos si los políticos son estúpidos, son oportunistas o son corruptos, solo (lamentablemente) son. Pues bien, una vez que hemos borrado provisionalmente todas las características no necesarias de la realidad (la “manzanitud”, la holgazanería o el oportunismo) y dejamos únicamente su ser, podemos entrar en materia. ¿Pero qué queda? ¿Cómo son esos entes sin determinación alguna salvo el hecho de que son? Ahí hay una primera cuestión para la ontología. Una segunda cuestión sería qué diferencia hay en el ser de un objeto que puedo manipular (digamos un iPod) y un objeto inasible (digamos el número ocho). Ambos son. Lo concreto, resulta que no es más que lo abstracto. Los papeles que llamamos billetes no son más que el valor que llamamos justicia. Y sin embargo, esta igualdad ontológica resulta inexistente en el mundo de los profanos. Para éstos, lo concreto y material será siempre más valioso y, quizá, lo único. Y esto es porque su único criterio para distinguir entre lo concreto y lo abstracto es la sensorialidad (y no la razón). Resulta, pues, que la igualdad ontológica nos hace más humanos (o digamos, más racionales), mientras que la diferenciación nos acerca a la animalidad (seres sensoriales sumidos en la bestialidad).

Aquello que es, aquello que comúnmente asumimos que está ahí, es más bien un constructo sociocultural, producto del lenguaje, de la tradición y, sobre todo, del sentido común. Un sentido común que agrupa nuestros otros cinco sentidos. Al ver el objeto en que nos sentamos, le llamamos silla; al oler un pañal usado, le llamaos hedor; al oír balaceras y sirenas (no las homéricas), le llamamos México; pero todo esto, al menos hasta donde la ciencia nos permite saber, es energía. Porque más allá de energía y vacío, no hay más. La silla está hecha de átomos y éstos de energía. Y así con todo lo demás. Una visión superficial y cómoda de la realidad nos la define y cataloga, mientras que una visión profunda de aquélla, la vuelve problemática y oculta. Imagina cómo se ve el pobre diablo que busca Lacoste, Dolce and Gabbana, Ferrari o Bentley. No son más que esclavos del determinismo sociocultural, al estilo de aquellos perros pavlovianos.

Otra cuestión abordada por la ontología es la de el ser de los universales. Puedes convivir con tu amigo Juan o con tu amigo José; puedes ser mordido por el perro del vecino y digamos que su nombre es Cánfulo; puedes chismear con tu amiga María; puedes ponchar el neumático de tu coche. Pero todos estos entes (Juan, Cánfulo, María, tu neumático y tu coche) son particulares y pertenecen a categorías universales (hombre, perro, mujer, neumático y coche). En términos rigurosos estas categorías, que llamamos universales, también son, y aunque nunca en la vida hemos visto a “el hombre” o a “la mujer” o a “el perro” estos también son entes. ¿Cuál es la diferencia ontológica entre el ser que participa de un universal y el universal mismo? ¿Cuál es la diferencia entre Cánfulo que siempre anda mordiendo a quien se deja y el universal perro? Más aún, ¿cuántas veces al día, en nuestras conversaciones corrientes, nos referimos a un universal? La realidad de estos seres es ineludible, pero la peculiaridad (si es que la tiene) de su ser es cuestión aparte.

jueves, 23 de agosto de 2012

Sobre la Metafísica

Se suele decir que la Metafísica es la rama de la Filosofía que estudia la realidad, pero en mi experiencia, eso no dice gran cosa al neófito en las artes filosóficas (así como yo, pues). Comúnmente, el ser humano suele acercarse a la realidad sin el más mínimo asomo de curiosidad. Ve a ésta como el chofer del minibús ve a los pasajeros, como el terrateniente ve al campesino, como el perro ve a su cola cuando trata de atraparla en una incesante danza circular. Ante esta forma superficial de acercarse a la realidad (o sea, los pasajeros, los campesinos, la cola o cualquier otra cosa que percibimos de ordinario), es normal que se nos escape no ya lo que subyace bajo la realidad, sino la realidad misma.


Digamos que un primer nivel de acercarse a la realidad es cuando vemos los objetos únicamente como cosas en relación a mí. Todo se convierte en inmediato y en útil acorde a mis necesidades. Así como el científico tomo una muestra y la observa a través del microscopio o como el político echa un vistazo a cifras de muertos.

Un segundo nivel de abordar la realidad es cuando comprendemos que ésta no es en relación a mí, sino que es, en cierto modo (y sin adentrarme en cuestiones epistemológicas) independiente a mí y opera como un todo. No hay cosas que yo uso y abuso, sino que es un entramado finamente relacionado de hechos y objetos. Esto nos lleva a buscar causas y efectos, a relacionar el hecho con implicaciones, digamos, éticas o sociales. La realidad se vuelve más vasta que el pequeño mundo en el que solemos habitar.

Pero hay un tercer nivel. Aquel que nos hace plantearnos los porqués y los cómos de dicha realidad. Esto es la Metafísica. La realidad toda, en su conjunto, se vuelve un “objeto” de estudio. Una búsqueda por encontrar el principio último, la causa primigenia del todo. Esta búsqueda es, pienso yo, inherente al ser humano, pero también es una tarea abocada al fracaso. Al menos si lo que se busca es resolver los planteamientos, encontrar las respuestas definitivas y absolutas. Afortunadamente, este no es el punto de la Metafísica, al menos no me parece que deba serlo hoy en día. Que para Parménides, Leibniz, Agustín de Hipona o Nicolás de Cusa sí lo haya sido, no debería cambiar el hecho de que lo importante de la metafísica es que en ese buscar en la realidad, o mejor dicho, en aquello que yace tras de ésta, a) nos alejamos de esa perniciosa forma de ver la realidad en su mera superficialidad, tal como una cámara de video la “ve”; b) nos construimos unos cimientos para edificar nuestras vidas en una realidad coherente y comprensible; y c) la labor intelectual del acto de buscar te deja la satisfacción doble de hacer hallazgos en ese interminable camino y de ejercer la actividad por excelencia del ser humano: pensar. Actividad que es muy rara e infrecuente en el hombre contemporáneo. ¿De cuándo acá se ha visto que una oveja del multitudinario rebaño se detenga a pensar en por qué sigue al pastor? ¿Cuándo, contrario a lo imaginado por Platón, uno de los millones de prisioneros que viven (y mueren) en lo más profundo de la caverna se detiene a pensar en el por qué de esas sombras que llama realidad?

Pensar la realidad, desocultar lo que en ella subyace es dejar de ser ese perro que irremediablemente fracasa al intentar asir su cola, y cuando lo logra, la suelta para volver a empezar su danza... Justo así vive el ser humano.